sábado, 27 de octubre de 2018
viernes, 17 de agosto de 2018
DIARIO DE UNA LOCA
Y me preguntan: ¿qué será de esta niña que nace?
Yo la miro, la miro…,
ella me sonríe, ingenua,
con un rayo de oro que te extirpa la vida,
que te nace, y te muere,
o que quieres morirte.
Se remueve mi estómago,
ella es de verdad de oros,
y se nos fue olvidando…
-ya no me quedan lágrimas-
un nudo de tripas y cerebro me revienta,
se ha volcado la luna, así, de momento,
justo cuando disfrutaba mirándola…
Se ha volcado la luna y sin trozos de luna
es imposible que nos nazcan panes
en la punta de los dedos.
Una miseria impúdica me recorre la cara,
no sé cómo limpiarme,
me ensucia,
me percude las manos.
Justo así, tan injusto y tan frágil.
¿Dónde los locos que hacen del paraíso un manicomio
para que no reconozcamos la calumnia?
Duele, duele tanto el abismo,
quizás porque en él nada está su lugar,
todo arde lentamente,
acaso tan rápido que no lo vemos.
Se nos quema el amor
y nos vamos quedando
tan tristemente solos.
¿Qué será de esta niña que nace,
si ya le estamos llenando su carita
de adornos que se pudren?
¿Cómo diablos se salva a una flor?
domingo, 5 de agosto de 2018
DIARIO DE UNA LOCA
Era hasta diez.
Así de simple,
hasta diez.
Así de ingenuo…
Todo visible, transparente, fácil.
Bajo control.
Un, dos, tres…
Jugar con el teje, era hasta diez.
Ahora sé la mentira!!
Qué dolor este,
qué cansancio,
cómo el peso,
asumir la angustia,
la oxidación que nos provoca el mar…,
el insoportable horizonte que se repliega
a pisotones sobre sí mismo.
Qué dolor esta vida…
-era hasta diez…-
o quizás esta muerte.
Pensé que había
una curva lemniscata
que impedía una traición.
Un dos tres…,
Segura de que no éramos
simplemente un fraude.
Estamos abajo,
enredados entre sangre y madera,
-ahora una lágrima…-
caemos un poco más
a pesar de la música,
me enredo en el esparto,
ni siquiera los besos..,
tan triste, pero aún sonrío.
Un poco más…,
cayendo un poco más…,
y me niego,
-era hasta diez-,
no queremos mirarnos,
nos negamos mirarnos
aunque al sudor de este viaje
vivamos en las antípodas
de
cualquier
juego,
o
tristemente,
tristemente
jugando.
© Ana Deacracia
viernes, 27 de julio de 2018
DIARIO DE UNA LOCA
CARTA A DIOS
Dios, sé que algo no va bien,
hoy mi familia se ha asustado
cuando con un martillo me he cargado a golpes el televisor.
Acababan de dar la noticia de cómo quemaban vivos
a los ciudadanos de Bangladés,
como cortaban a los niños en pedazos
y después lo echaban a la hoguera,
acto seguido un anuncio de
alarmas en tu casa,
cuidado no te roben!!!, y me eché a reír, que no te roben,
como si eso fuese fácil…
más tarde hablaban de no sé qué operación de estética,
y el exceso de peso.
Dicen en que en Bangladés el hambre es grande,
enorme, decía el corresponsal, enorme el hambre
la pena, el desarraigo, el vacío de las manos,
la oquedad oscura que les llena los ojos
de ese pánico también enorme, el pánico…
Dios, no sé si hemos pecado,
pero todos, en mi casa, cogieron unas herramientas para
ayudarme a golpear,
y terminamos tirando la televisión por la ventana.
Sé que algo no va bien,
este mundo tuyo está repartido como una mala pesadilla
y todas las partes están envenenadas.
Quizás muchos estemos muertos, igual es eso.
Ciegos seguro, no lo vemos ,
no queremos saber lo que no vemos
en este país de las maravillas…,
mientras a mí me preocupaba las puertas nuevas
que pensaba poner en mi casa.
Sé que algo no va bien.
Por eso también he destrozado las puertas,
me recordaban al reparto de tierras,
y he rasgado las cortinas,
buscando la luz, Dios, buscando la luz,
y evitando cualquier resquicio de bandera,
sé que algo no va bien,
la luz, señor, la luz
a ver si soy capaz de encontrar entre todas mis cosas
la esperanza, yo, que sé que algo no va bien.
Igual no me explico con claridad.
Pregúntale a los pájaros, al agua,
reúne a los árboles y
al mar,
y que ellos te cuenten
su versión de la historia.
Ana Deacracia
martes, 26 de junio de 2018
PERRAS
Hay una perra en mi portal,
nadie sabía de su presencia; no ha gritado.
Herida de muerte, y sin embargo calla.
Parece como si de todos sus orificios
le hubiesen arrancado de cuajo las estrellas,
y una luna de oros le ahogara la garganta.
El rincón de la entrada luce oscuro,
tanto, que me he manchado la ropa de tan cerca,
tan cerca que me ha dado,
la muy perra, un bocado en el alma,
gruñéndome a la cara todas sus madres perras,
esas perras hermanas, esas mujeres perras,
todas, me han ladrado de golpe,
incluso yo me ladro por instinto.
¿Una perra muriendo en mi portal?
Apenas es una perra nueva,
se ve que ha sido “cogida” por algún que otro animal;
usada por los perros,
maltratada por los perros,
humillada por los perros,
mutilada por los perros,
muy jodida por los perros.
Al final decidimos llamar a las autoridades,
se han reunido personas relevantes:
el político, el juez, el fiscal,
el médico buscaba entre sus piernas
cualquier atisbo de pureza.
También un puñado de curiosos ciudadanos,
y todos han llegado al mismo acuerdo,
la misma conclusión:
no hay ley que ampare,
que proteja a perras como esta,
¡que nos proteja!,
ni tan siquiera que limite o acuse a ciertos animales
aunque tengan la rabia.
Se han echado unas risas.
© Ana Deacracia
nadie sabía de su presencia; no ha gritado.
Herida de muerte, y sin embargo calla.
Parece como si de todos sus orificios
le hubiesen arrancado de cuajo las estrellas,
y una luna de oros le ahogara la garganta.
El rincón de la entrada luce oscuro,
tanto, que me he manchado la ropa de tan cerca,
tan cerca que me ha dado,
la muy perra, un bocado en el alma,
gruñéndome a la cara todas sus madres perras,
esas perras hermanas, esas mujeres perras,
todas, me han ladrado de golpe,
incluso yo me ladro por instinto.
¿Una perra muriendo en mi portal?
Apenas es una perra nueva,
se ve que ha sido “cogida” por algún que otro animal;
usada por los perros,
maltratada por los perros,
humillada por los perros,
mutilada por los perros,
muy jodida por los perros.
Al final decidimos llamar a las autoridades,
se han reunido personas relevantes:
el político, el juez, el fiscal,
el médico buscaba entre sus piernas
cualquier atisbo de pureza.
También un puñado de curiosos ciudadanos,
y todos han llegado al mismo acuerdo,
la misma conclusión:
no hay ley que ampare,
que proteja a perras como esta,
¡que nos proteja!,
ni tan siquiera que limite o acuse a ciertos animales
aunque tengan la rabia.
Se han echado unas risas.
© Ana Deacracia
jueves, 14 de junio de 2018
Y si Ulises jamás pretendió volver a Ítaca,
y si su guerra fue precisamente esa,
no llegar nunca a puerto ?
Descolocar la historia para ubicarse.
Y si soñaba morir con las sirenas ?
Amor y mar.
Dadme la humanidad que me pertenece,
y abandonadme en ella,
– pudo haber gritado-.
domingo, 10 de junio de 2018
Diagnóstico
Me duelen las manos porque las aprieto cada noche
y doblo las muñecas cuanto puedo…
Me duelen las encías porque las aprieto cada noche
y muerdo cuanto puedo….
Me molestan los oídos porque vivo tensa
como las cuerdas del más jodido violín.
Y tengo que controlar continuamente
el síndrome mecánico compulsivo que padezco…
Me han dado el diagnostico.
Lo sabía, yo ya lo sabía…
domingo, 27 de noviembre de 2016
Santiago Aguaded Landero. "El indigente Andaluz" En el laberinto de Carrefour.
Presentación
en Café cultural Trébol
Santiago
Aguaded Landero.
"El
indigente Andaluz" En el laberinto
de Carrefour.
Todo
podría quedar dicho con tan sólo una frase, iluminadora de las Ausencias que el
autor predica como cantinera insustituible.
Todo
quedaría dicho con una simple frase que nos ubica en la administración de la
muerte continuada de la vida en esta sociedad decadente y autista.
Todo
en una frase que se recoge en una de sus anteriores obras "El libro de
fuego"
Dice
Santiago:
¿Quién
vigila al vigilante?
El
vigilante zafio que organizó las tripas de este mundo, producto de nuestra
necia manera de delegar…
Dimos
hacienda y licencia, irrecuperables.
Y
entonces ofrecimos el alma de forma voluntaria.
Me
atrevo a apuntar que eso ha sido los más terrible que ha hecho el ser humano.
DELEGAR.
No
es el desahuciado, el indigente, la victima atroz que reconocemos hoy, causa y
producto de este capitalismo brutal e impudoroso que nos ataca en esta guerra
encubierta, o cara descubierta para algunos.
No
se trata de él, del indigente al uso.
No
solamente él, el desahuciado visible, la consecuencia de nuestro miedo. Miedo
como estructura fundamental del sistema. Zapata arquitectónica que asumimos
desde la más terrible aceptación, sin análisis.
No
importan las balas…, mientras que el pecho sea de otro, cuando la realidad es
que siempre nos dan en el pecho.
El
miedo nace ahora con nosotros como instrumento para la organización y
reorganización, que no en pro de nuestra defensa, como lógica intención del
dios de las cosas.
Miedo.
Ese que se vislumbra y te ataca en ese poemario.
No
es el indigente, este andaluz de Carrefour, ese que miramos de soslayo,
cruzando los dedos para no serlo nunca, o mirando para otra parte, prepotentes
en la seguridad de que jamás seremos parte del desastre, cuando somos desastre
en palabras mayúsculas.
Ese
es el desahucio al que el autor se refiere. La actitud de todos y cada uno de
nosotros ante el embargo de nosotros mismos.
Él
es el indigente…, moribundo viviente en esta sociedad precocinada.
Se
muere, el autor, entre Ausencias ¿Exilios/Distancias/Vacíos? venidas y
prevenidas, en una constante secuencia de arritmias, donde le duele las sombras
y las luces, donde todo es desgarro.
CUERPO
DE SOMBRA,
en el Carrefour existencial de las evidencias.
Cuerpo sin piel, en la realidad-ficción sin
decoro. Ese soy yo:
el que descubre luces y las cuenta. Luego las
escribo en un cuaderno
de notas donde, algún día, algún sabio fugaz
deducirá
la unidad de los contrarios: luz y sombra,
presencia y ausencia.
Mi existencia escrita, con el claro pensamiento
del diálogo, aún
sin diálogo. Este cuerpo de sombra, con sus
claros deseos de
SAL y amor, frente a la fragua del lenguaje. Esa
flor inmaterial,
que conjuga disciplina y transgresión y
controla, con la absoluta
precisión de un experto lanzador de cuchillos,
mi espíritu
contumaz, acostumbrado al Dolor, al Olvido.
Dolor, Olvido, protagonistas tangibles y
tantas veces esa Ausencia, como decapitador absoluto de la vida. Ausencia
limitadora y alquimista, por el poder que imprime en la palabra…
Ausencia… consciente de que solamente vivimos
en decadencia, en la muerte lastimera en la que latimos, él y su necesidad lacerante de calmar su hambre.
El hambre de todos, es el hambre de todos, aunque el resto no lo grite.
Él es el indigente,
protagonista y referente del ciudadano del mundo y de sus cosas… Consciente de que
nada necesita más que la propia vida, tiempo, amor y condescendencia, en su
desdén/afinidad lúcida hacia la SAL en todos sus aspectos, SAL, como concreto
acrónimo de su propio nombre, como imagen perfecta con la que se sustituye a sí
mismo.
Dice Santiago: Busco su piel ungida por la tristeza de las serpientes
de SAL, y como digo, dejándome absorber por la magia
de la palabra podría ser él la serpiente de sal, inoculando tristezas, cuando
es inevitable…, o sal, como salario/esclavitud, en esa asociación de la
palabra, enorme bola de nieve. Visión para los ciegos, en la necesidad de no
sentirse solo en un mundo que se resbala en sí mismo.
El
hambre del mundo…, la equivocación de la idea. El contexto hilvanado en madejas
confundidas, en parámetros otros, diferentes al hambre verdadera en la que
adolece el hombre/la mujer, sin querer mirarse, porque nos miramos solamente el
ombligo como punto álgido al que nos
aboca el proyecto.
LA
PUBLICIDAD del hambre/la carne me
acerca
un instante al límite del Carrefour.
Mas enseguida veo la trampa que el tiempo nos
tiende. ¿Qué
es el hambre? ¿Una ilusión de movimientos
peristálticos o el
simulacro real de un estómago enfermo? Ellos
siempre llevan
el insulto en los ojos y en los labios el
eufemismo. ¿Qué haremos?
El tiempo no es más que el vértigo profundo de
una idea
y nosotros somos muchos y tenemos mucho tiempo.
Porque
existen flores enfermas que mueren en los
suburbios, escribo.
Porque el futuro es un fusible fundido. Porque
nos gobierna
la muerte y el humo de muestras hogueras prende
en el olvido.
Porque Luna se ha perdido en el laberinto del
lucro. Porque la
verdad es un virus un veneno diluido en una
infusión de valeriana.
Porque la estética no me convence como forma de
resistencia:
por eso cierro los ojos y veo la piel púrpura de
la
lepra en mi cama de cartones. Por todo esto y
más, resisto, resistiré.
Hace de conciencia, el autor, una
constante idea que persiste en cada página, abriendo los laberintos a los que
estamos sujetos y provocando ecos concatenados en la ilusión de que su lectura
fructifique y provoque la animadversión/adhesión a la verdadera luz de esa SAL
gobernadora.
Y para ir concluyendo quiero hacer
hincapié en un extracto muy clarificador de una de sus prosas, que resumen el
lugar perfecto en el que instalarnos en ese NO-LUGAR de este CARREFUR
imaginado/real en el que vivimos.
Dice Santiago en su CARMEN DEL
INDIGENTE INSULAR, que así se titula la prosa que nombro:
Si escogiera, si pudiera escoger
el camino, el destino o el amor; si escogiera hoy, volvería a elegir la
pobreza, nacer con la memoria del AGUA y la TIERRA.
Ese sería un perfecto inicio al
mundo de los hombres.
Y me vais a permitir otro pequeño
fragmento, no soy capaz de cerrar esta presentación obviando otro comentario
para mí muy especial. Es un trocito que me causa una punzante ausencia…, por de
quien es el personaje a quien se refiere, y por el significado concreto para
mí.
Hay mendigos, dice Santiago, como
Josefito Figuraciones, que conocen las pérdidas del cielo y por eso lo mira con
un calidoscopio de metal para recordar a su madre también mendiga.
Permitidme una licencia: Josefito
era un personaje de Juan Ramón Jiménez, lo digo para quien no lo sepa. Él se
esconde detrás de su invención, y desde él le dedica a su madre la frase más
bella del mundo.
Y yo con la intención de terminar,
con amor y esperanza en el ser humano, esa necesaria sensación, como aire para
la supervivencia, creo que sería reconfortante terminar citando al poeta.
Decía Juan Ramón de Josefito, de
su madre, cuando miraba por su caleidoscopio.
"se caían musicalmente
unos cristales y aparecía una madre suya bordeada de colores transparentes"
Ana Deacracia
jueves, 24 de noviembre de 2016
JUAN ANTONIO GUZMÁN / UNIVERSO... un verso
PRESENTACIÓN DE LA OBRA DE JUAN
ANTONIO GUZMÁN
(...Y
yo que sólo quise,
después
de haber nacido,
sencillamente, ser).
Bonares,
el poeta dice así cuando habla de su pueblo:
Mi pueblo vive al lado del tinto, río
Tinto, y de otros pueblos blancos. Su
nombre significa: Buena cosa. Su escudo lo componen: un fondo verde
campo, cuatro pámpanos de oro de cepa vendimiada y la expresión de un lince
mirando de frente.
Al despertar los días, mi pueblo
despereza un aliento de arcilla, de pan, de aceite y mosto.
Siempre que desayuno un tostón
calentito, parece que me como la esencia de mi pueblo….
Respeto
y añoranza a su pueblo desde la visión de aquel niño que fue, su ingenuidad perdida
en los años, que nos la roban incluso desde la licencia.
Me
gustaría encontrarme
en
un jardín del mundo
al
niño que maté con mi experiencia
para
darle la mano,
para
comprarle un globo,
para
sentirme necio y sin respuestas
a
su montón, sin orden, de preguntas;
para
llenar mi cuerpo de barcos de papel
y pasear, unidos, ilusión y nostalgia
Me
deshizo el poema que escribió con poco más de veinte años, y que recitó en
Almonte. La primera vez que nos veíamos.
Envidié
a su madre, en ese momento…, me hubiera encantado que mi hijo hubiese escrito
algo parecido a esa edad, pero por otro lado era evidente que observar de esa
manera el mundo, es abrirte en canal demasiado pronto.
Así,
con desparpajo, sonríe ese niño
tras
jugar con el barro de las primeras lluvias,
sin
saber que una nube se despertó llorando,
sólo
ve que este mundo le ha manchado las manos
al
hacer despacioso su primer valibache*.
Todos
vimos perplejos la pureza abatida.
Se
estremeció el espíritu tras masticar limón...
Y
los dientes de leche convirtieron la estopa
de boca agonizante en un cielo lunario.
Uno
de sus tantos poemario "Universo y verso"…
donde
aúna varios de ellos, me ha dado la oportunidad de ahondar en su alma.
Valoro
a los poetas por lo que me dan, y transmiten, no soy crítica ni mucho menos.
Solamente soy percibidota del verso e indagadora del mensaje. Me inmiscuyo y
navego.
Juan Antonio Guzmán, se da entero y nos llega
desnudo con todo su tremendo equipaje.
Su
poemario me estalló en las manos…, de golpe me sugirió pintarme la cara con sus
frases, llenarme de guerra, de ansias y rebeldías, de alarmas gritadas desde el
corazón.
De vida observada con cientos de ojos, y
convertidas en poemas, con su belleza azul, y una sensibilidad inesperada, suave,
como la rima más exquisita. Fuerte, como el golpe más certero sobre la mesa.
Entonces es cuando me reafirmé, cuando me
contagió la enfermedad de su verso, es UN POETA JUAN ANTONIO GUZMÁN.
Cuando
el viento de un día arrastre ante tus ojos
el
cansancio de un hombre envuelto en su añoranza
con
el rostro marcado a fuego por la angustia,
no
le mires su pecho hacia dentro arqueado
como
nido indefenso de derrotas latentes,
mejor
será secar ese volcán ahogado
de llorar
para adentro con lágrimas de fuego...
Acógelo
en tus brazos, agacha tu mirada
y ayúdale, sin prisas, a levantar la
suya.
Su
elegancia se desliza como un gigante sutil, rompiendo a pedazos las estatuas,
derribando muros invisibles y sembrando en las almas el análisis necesario para
crecer en plena simbiosis con el poema, que es poesía como vínculo
imprescindible del hombre con el hombre, del hombre con la naturaleza, de
hombre con la nada, y con el todo, en esa realidad permanente en la que
intentamos sobrevivir.
Todo es ya en su nada.
Presiento que el poeta no cesa en la
búsqueda de sí mismo, del mundo en el mundo, de los porqués que jamás tendrán
respuestas, innecesarias cuando uno se responde a sí mismo.
Dios se hizo verbo.
Y el Verbo, Nombre.
Y el Nombre, Hombre.
Y el Hombre, Verso.
Y el Verso, Mundo.
Y el Mundo, Infierno.
La
lucidez que agrieta las heridas del analizador ante realidades, aunque aún no
siente que estemos del todo perdidos en medio de la pérdida.
La
belleza de la naturaleza, lo esencial, él lo sabe, lo declama, precisamente en
lo esencial está la esperanza.
El
amor, la mano tendida, la generosidad. El animal tibio en conjunción con el
árbol, con la luz, con la rama incesante en su crecimiento para hacer nido al
pájaro que la habitará, es ahí donde se percibe el susurro de los dioses, el
latido del universo con el que se presume parte y enemigo, imprescindible y
completamente prescindible, en la ambigüedad de la cordura que asume que el
hombre no es más que eso, el humano que llueve su prepotencia sobre todas las
cosas.
¡Ay, Tierra!
En
ti se dan los sueños,
en
ti se dio la mente.
¡Qué
maldición tan grande!,
¡qué
bendición tan pura!
Y acaba el poema…
En ti
estamos todos y de mí te alimentas.
La vida se alimenta de la vida y en la vida nos
preparamos para la muerte, morimos a cada instante. La muerte es nuestra
compañera inseparable de la vida, que no es más que eso, la preparación cómoda
o incómoda hacía la muerte.
Es una constante, la muerte late incesablemente a
nuestra vera, no convivimos solamente con nosotros mismos y nuestros abismos,
ella siempre luce a nuestro alrededor como una sombra a la que terminaremos
besando en la boca, pero mientras tanto debemos en la consciencia de ella,
obviarla, ganando batallas, sobreviviendo.
Ese es el mensaje trágico a la vez que
tranquilizador, porque la muerte espera tranquila y paciente el beso….
Me
quejo de los hombres
que,
al mirarse en espejos,
ven
al hombre indefenso.
¡He
roto tantas lunas pasando por delante…!
Cada
vez que lo hago más condeno a mi cuerpo.
El
peso de mi odio
es
un amor tan fuerte
que
me ahoga a mí mismo; si respiro
no
es aire lo que a mi pecho llega:
son
gritos de sudor, paciencia y hambre... Y
por eso
lloro mi vida.
Y me
muero...
Es
mi muerte quien sella mis actos.
El
universo como administrador cósmico, como grandeza generosa, contribuidora de
fuente y vida. El universo cambiante y progresivo, perceptor de sensaciones y circunstancias
que cambian el paisaje continuamente cuando la rotación de nuestros propios
planetas es única en cada uno, en un mundo de caos donde "la
pachamama" diosa madre de pueblos
precolombinos, late dentro, como un corazón anexo al corazón, en la ceguera y
el reencuentro, en la intención y la evidencia.
La vida es corta,
el
mundo crece...
Hombres,
pensad de niños.
Niños,
seguid jugando,
nunca penséis.
En
la conspiración eterna entre las órbitas. En la dualidad de resistirse a morir
o de soñar que somos un momento.
Pero el hombre es indómito, y
cultiva la muerte
como divertimento, y ambiciona
poder,
y acumula una historia sin salir
de la histeria
de no saber vivir en paz consigo
mismo.
Tal vez, por eso, amigos,
escribimos historias,
historias de la histeria como
divertimento.
Desde que el hombre obtuvo su
uso de razón,
el hombre ya no siente ni
escrúpulos ni dicha.
Mató a su niño, y punto. Después
que ya enterró
su muerte en sus adentros,
después de superar
su vida sin amor, ya todo fue
más fácil...
Inventamos las guerras y la
ambición y el hambre.
Éstas, insuperadas; aquellas
superables
La
belleza fragua, hace uno a cada estrella con el yo mismo. Da pie, razones para
construir, nos da agua para interrumpirnos en la poesía y dejarnos llevar,
bebiendo como alimento único, a veces, cuando vivir no es suficiente.
La
belleza es la amante que nos sostiene y nos regala la manera perfecta de fundir
entendimiento, lógica y sueño.
Es
beso,
un
verso,
ver
eso
uno
que
no es
y
es
el Universo.
Morimos cada día, matamos cada día,
asumimos con cotidianidad cada pequeña muerte.
Pero
el hombre es así
El
hombre deja la paz en la montaña
y vuelve
solo.
En
la ciudad le esperan el grifo y el reloj,
el
miedo y la mirada.
Es
probable que vea
un
sueño en la ventana de un edificio viejo
secando
su
misteriosa lluvia
al sol
emparedado de la calle.
Es
posible que encuentre una amistad cansada,
como
si alguien muriera en sus adentros.
Pero
el hombre es así: De piedra lleva oculto,
detrás de cada olvido, un cementerio
propio.
Universo sin
paz, sin el pan necesario para desfallecer, en la búsqueda interminable de una
estrella que nos salve y nos dé la razón y el equilibrio. Esa paz necesaria que
es tan esquiva y a la vez tan vital, en la propia quimera de su existencia. El
hombre como cargador de la única salida, la esperanza que persiste,
consistente, como ceguera oculta tras los ojos.
Nadie podrá vencer la paz del todo... Aunque quiera beberse
la mar de un solo trago, aunque quiera quemar la vida de los bosques.
¿Queréis que cante el hombre a nuestro hombre?: el que exige
justicia y no la cumple, el que no grita pan para no dar un trozo, el que sueña
despierto por temor a la muerte, el que duerme sin sueños por temor a la
vida... ¿Y el hombre está pensando en ser feliz…?
Sintámonos los dueños de un mundo
colmado de apariencias. Sintámonos partícipes de un mundo roto por los codos y
a punto de estallar por todas partes. Aunque, mejor, esperar de vacío; por si,
acaso, el destino y el hombre se cargan de verdad
Siempre la esperanza golpeando la incertidumbre, cuando el amor es
balsa donde navegar a ratos que no se acaben nunca.
Que no falte el amor, ruega el poeta, el amor, es el verdadero universo único.
Siempre las estrellas envueltas en lo humano…, el mar, la tierra
como vehículo hasta los cuerpos amantes en su derrochar vida en cada fusión de
almas, con lo sencillo de amarse y los cósmico que se presiente al goce.
Vuelcas, cuando sonríes, el mundo por tu aliento y en tu
semblante asomas los parajes recónditos de la mar, de la tierra. Sea contigo lo
blanco, lo esencial, lo sencillo.
Para verte completa, he de cerrar los ojos y encender la alegría
de tenerte; tan cerca y tan distante, tan confusa y tan clara, como mi alma
toda. Abrazando tu cuerpo, anillo tu melisma; entonces, bebo el sorbo diario de
agonía y lo convierto en polen.
Prolongado
en tu entraña, es el único instante que no cabe en mis días, ni en la luz de tu
noche, ni en las simas conjuntas de las aguas océanas.
Juan Antonio Guzmán, concluye. La belleza, el
amor, la paz lo tranquiliza dentro de su propio debacle.
Encontrarás
la verdad cuando se agoten los errores más cercanos a ella. Aquí está, cubierta
de patrañas, necedades y cierto miedo a descubrirla. Porque lo evidente nos
obliga, nos conduce, nos absorbe, nos libera sin acto voluntario, y la soberbia
fomenta una verdad que no es la verdadera, pero sí nuestra, la nuestra. La
verdad está aquí, adosada a la suela de un zapato cual chicle lastimoso,
amasada con jugo salivar en alimento
No
sé…
Solamente sabemos que no sabemos
nada, o igual sabemos tanto que no queremos saber más de lo que ya es evidente.
Podría haber seguido
hablando durante horas… Da para eso. El verso del Juan Antonio Guzmán se hace
latido en mí, como una ola de espuma en el otoño cuando el frió te cala los
huesos y la generosa ola te cubre con su bruma etérea y verdadera, y te vuelves
espuma tu también, no sabes si te duele o si te abriga, pero te hace vivir y
revivir, y se trata precisamente de no morir viviendo, sino vivir muriendo.
Podría llevarme horas
ahondando en las conclusiones y los sentires del poeta, recreándome en la
belleza de sus tantas frases penetrantes y mágicas, pero termino con una frase
elegida entre tantos escritores, por el mismo.
George
Steiner: «Hablar desde el silencio de la creación es peligroso. Hablar con el
máximo vigor de la palabra, como lo hacen los poetas, lo es más todavía».
Y yo añado, que me enamoro
de la frases, cito una que me ha encantado.
Hay mares de ginebra en los
estanques.
Juan
Antonio no le hado ese contexto, pero esta frase me dice que
aún nos queda esperanza, si de
verdad surgiera la ginebra de los mares, y nos sintiéramos ebrios de naturaleza
en la consciencia cósmica de que todos somos todo y nada.
ANA
DEACRACIA
miércoles, 21 de septiembre de 2016
JAVIER SÁNCHEZ DURAN "MAR DE AUSENCIAS"
...Emborrachó mi infancia con olores,
sabores y recuerdos perdidos
en los jardines secretos de mi alma...
Javier
Sánchez Duran recuerda vivir en un jardín.
Esta
frase está dedicado a su tío Juan, su padre en su primera infancia, cuando su corazón se hizo pueblo.
Sin
embargo yo presiento una infancia navegando en su mar de ausencias, quizás sin
él ser del todo consciente del peso tremendo de las ausencias en la que nace
ya; soñante de su pecho de luna, los
besos de su madre.
Es
esta sensación la que extraigo de su poemario, la ausencia como sentimiento
predominante, como un latir profundo, mientras él se debate en un acumular nostalgias,
por no mirar al fondo vacío que pudo provocar el exilio del mayor sentimiento.
Murmuran canciones
que tú me cantabas
cuando yo era promesa
en tu vientre de nieve.
Nunca
disfrutó del arrope extraordinario de una nana en la noche, de un cariño con
ternura infinita, esa que ronda como una hada en cada poema, como un perfume a
campo de ropas amarillas, cuando el
viento mesa suave la larga cabellera de los alisos.
Javier
deja estructura de naturaleza en cada página, como un arquitecto de lo
interior, del cálido sabor que esconde un
puente viejo, al que abraza la yedra, se arropa con el entorno al que da
entidad y se enamora. Eso hace un alma sensible. La belleza como premisa para
sobrevivir, lo natural como estandarte y bandera.
Javier
nos abraza y nos mima, es ese profesor que quiere al hijo que vislumbra en cada
alumno. Su poema es coherencia y recato, con ese saber organizar secuelas y
envites, amor y sentimientos, como el mejor transmisor del mundo, el buen
maestro que ama con total devoción su trabajo y su vida.
El
poemario es Javier en esencia y sin mácula, libre de todo subterfugio.
El
poemario es un latido caluroso en la bienvenida del mejor verano cuando afuera
hace frío.
Javier
nos ofrece el arrope que le ha ido robando las agujas del tiempo, cansado de
tanto expolio, él se revierte en afecto, trueca dolor, ausencia, y añoranza, mirando
de frente la felicidad de la que ha sido portador y la acumula a raudales en el
claro valle de sus ojos, no puede ocultar que en su mirada se mece el vino, la
siembra, el beso, el sueño cumplido de una vida plena, y entonces las briznas
le preceden por todas partes, y tatúa la frase que te deja prendida, a punto de
ser alma, para besar el alma de quien le lee y le disfruta.
Javier
es la ternura en palabras mayúsculas, no quiere frases mal sonantes que te
duela al oírlas, por muy duro que sea el mensaje del poema, por muy lúcido que
se exprese, siempre lo hace con palabras cómodas y agradables, con música de
agua y ecos de su sierra encantada, fotograma de su mundo interior, su mar y su
sierra, su playa y su huerta, su espuma de olas besando las hojas nuevas y el canto de los mirlos que juegan en la primavera
cuando revienta mayo.
El
autor de este poemario es la normalidad del tiempo que encamina los pasos del
poeta y se hace rima al paso de los años, sabiéndose no inmune al delicado
devenir, y llenando sus alforjas de la
plenitud del tiempo y del espacio que le ofrece la vida, para no llegar a
término sin haber sentido la belleza, lo suficiente.
Javier
en sí, es poema.
lunes, 19 de septiembre de 2016
cuando llueva
Espuma la armonía, dentro.
Rebusca en el trasluz de los
espejos
si las fracciones no te
ofrecen la luz
y los instantes.
No te enerves, regresa al
alma
cúbrete con el chal de los distintos,
y clava el tacón dispuesto a
pronunciarse.
No te detengas, no pares,
no cambies nada del gesto,
ni la facción. Deja que el
viento…
Rezuma el latir, no cejes,
muda el color en los iris de
los ojos
de aquellos que no sepan
mirarte.
Inaugura un bosque de
esquejes nuevos,
donde las manos se cojan
unas a otras,
y todos seamos árboles
creciendo
al cielo ramas repletas de
ternura en sus hojas.
Disfruta de las ansias sin
disfraces ni secuelas,
y cuando llueva…, siente el
agua
que moja los laberintos y
continúa…
bailamos a oscuras
En
los pliegues de la ropa cuando te vistes,
en las horquillas que te prendes,
sobre el mármol frío donde dejas tus cosas
cuando el espejo te mira a los ojos.
en las horquillas que te prendes,
sobre el mármol frío donde dejas tus cosas
cuando el espejo te mira a los ojos.
En
el lugar preferido de tu sofá,
en las teclas negras de tu desahogo,
sobre los álbumes que te cuesta hojear…
sobre las hojas de tus poemas,
dentro del poema, en su destilería…
en las teclas negras de tu desahogo,
sobre los álbumes que te cuesta hojear…
sobre las hojas de tus poemas,
dentro del poema, en su destilería…
En el zócalo inquieto de tus zapatos,
en el tacón pendenciero,
en tu pelo revuelto cuando duermes,
en el sueño profundo y en el urdir a solas.
en el tacón pendenciero,
en tu pelo revuelto cuando duermes,
en el sueño profundo y en el urdir a solas.
Entre todos tus libros, tus hilos de colores,
en el cajón de tus encajes
donde está la huella de tus noches
y el aroma de lo más tuyo.
en el cajón de tus encajes
donde está la huella de tus noches
y el aroma de lo más tuyo.
Quiero pensarme allí,
que la distancia es tan sólo una estación
al paso de los trenes...,
una manera de llamar al punto
que interfiere entre ambos
cuando realmente bailamos a oscuras
y un paso y otro y otro...
que la distancia es tan sólo una estación
al paso de los trenes...,
una manera de llamar al punto
que interfiere entre ambos
cuando realmente bailamos a oscuras
y un paso y otro y otro...
El ascensor
Regresaba al mismo
edificio, y me dije,
no puede ser, volvérmelo a
encontrar…
Y casi nos chocamos al
pasar al vestíbulo.
Mi sonrisa se presentó sin
avisar.
Él me devolvió la suya,
más comedida,
casi a medias, ladeada en
el gesto.
El ascensor llegó de improviso,
no sé en qué estaríamos
pensando.
Ambos íbamos a la décima
planta.
Su mirada de plomo se
incrustó en mis pestañas,
oscura y hemostática, o
quizás lacerante
como un tajo que cruza…,
tanto que presentí su
desborde a mi escote.
Me miró de tal forma que
su rozarme
lo presentí en mi espalda,
recorriéndome ladera abajo,
como la fiebre
de abajo a arriba..., con
sus ojos de lobo,
con mi piel de leopardo,
con mi locura intacta,
con su temblar de
infierno,
concibiendo nirvanas a la
vez, con ese juego….
Y mi mano a un paso de
alcanzar los tramos
de su insensatez y la mía,
de acariciar su pecho,
en el mezclar mis dedos en
su melena, estaba.
Gozando el aceituna de su
mirarme a solas…
Mi sombra colapsada en la
lujuria
que embadurnaba la puerta
de salida,
y el espejo oportuno que
me ofrecía la imagen
de su vaquero azul.
Y puede, que, su mano en
mi cintura,
elucubrara, y sus locas
ideas saltaran en pedazos
al mismo tiempo que sus
ojos continuaban
rompiendo los márgenes y
los sometimientos.
Sus labios a mi boca,
pensaría, supongo,
su lengua suplicando que
jamás
alcanzáramos la décima
planta.
Pero se detuvo el ascensor
maldito.
Me dejó pasar a mí
primero,
su aliento desde tan cerca
que..
No le he visto más.
Hoy vuelvo.
sábado, 3 de septiembre de 2016
disección DE UN CADÁVER
(Poemario A PUNTO de publicarse)
POLVO
El evangelio urbano según la Cinti
Augusto Thassio S. Gómez de los Infantes
...Esquivo las manadas
de
cabrones sumisos,
vitoreo
la bravura
de
motores rugientes
y
pongo banderillas
a
los paso de cebra...
…
...Los
hijos que no tuve
me
tiran de las ropas
se
me agarran del cuello
procurando
caricias
que
ahogué entre las aguas
estancadas
del miedo...
…
Hacía
tiempo que Cinta había muerto, mucho antes de su miedo, de su rabia, de su
delincuente manera de morirse, poco a poco, como se deteriora una flor en solo
una primavera, con esa lentitud urgente y lógica, cuando cada día se pronuncia
una muerte, una huída distinta y miserable, en la visibilidad de su
entrepierna, de su muslo, por los caminos abiertos de su piel y a
los ojos de aquellos que nunca la miraron.
Augusto
Thassio disecciona el camino hasta hacerse arteria putrefacta, el olor nos
mancha hasta los huesos. El poeta continua escarbando en las heridas que
salpican palabras malsonantes, rimas pintadas de la cruda realidad cuando el dolor,
el miedo, no encuentra ya lugar en el pecho, ni la lágrima. Cuando el alma se
vuelve sólo coño entre las piernas a la vista del mundo y sus secuaces.
Tremenda
manera de vaciar un cadáver. Intensa autopsia de una mujer expulsada del trozo
de paraíso que a todos nos pertenece, y expuesta al cadalso cotidiano de las
calles, entre semáforos naturales, donde la humanidad no encontraba hueco ni
soltura, entre secuencias mundanas, exigibles al latir de un ciudadano
cualquiera. Ella no lo era, sin derechos, muerta, mientras el rojo de su sangre se iba
volviendo negro y el aire nunca fue aire, más que viciado elemento para seguir
su ruta hasta el ataúd que le imponía cada paseante.
Nunca
una sábana se volvió tan urgente como en este poemario, donde el lupanar lo
lleva a cuestas la protagonista, en los hombros. El pánico es vivir, seguir latiendo, mientras
los ojos se vuelven testigos incapaces de sentirse por dentro.
Valiente
y descarado el poeta, se mimetiza, se inmiscuye en la oscuridad sanguínea, en
el voraz apetito de horas y minutos, mermados de briznas (la muerte llevó
siempre la ventaja) por los territorios opacos por donde viajaba la
protagonista, hasta dormirse un rato en el corazón de la Cinti.
Testigo
único, el autor, de su morir viviendo.
...Cagándome
en la madre
que
parió a medio mundo,
les
grito en desafío que imiten
mi
desgarro de himen.
Y
se unten el dedo con saliva...
El
contador de historias desvergüenza al verso para hacernos partícipes de la
caída al abismo que propone el vicio blanco, suave, atractivo, disfrazado de
paz en la encubierta forma de proponer un secuestro inacabado. Consigue, en su
rima apócrifa, que todos al mismo tiempo seamos la Cinti, cuando la fluidez nos
convierte en secuestrados anónimos del blanco poder en forma de Polvo.
...La
Luna está preñada.
Y
yo jodida.
En
las esquinas de los malos ratos...
.
Magnífico,
Augusto Thassio.
Ana
Deacracia.
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