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lunes, 26 de septiembre de 2016

Poeta

Los puntos cardinales se deshacen llorando,
empujando la barca de tu último tránsito.

Unos lucen cromadas palabras a su espalda,
demarcadas al verbo de la tortuosa sangre.
Era dolor en carnes de hombre y su justicia
Años que volvieron destrozando tus huesos...

En otras latitudes se atesoró el recuerdo
del agua y de sus hojas…
El beso atrapado en el cálido secuestrarte
del sur y sus caprichos. Alguna vez el norte,
muchas el norte, muchas, te decoró cobijos
y amores florecientes,
construyendo jardín sobre heridas
y sueños inservibles, cuando la piel hermosa
de una mujer amante, te hizo olvidar
la tremenda maldad que se inocula
en el trayecto de todos los planetas.

Hoy tu barco es de humo.

El poema será tu rúbrica, tus palabras incendiarias
harán de combustible.
Este sentir de aquellos que amamos tus poemas,
servirá de llovizna para inventarte el mar,
y empujaremos ciertos la nave hasta la orilla,
esa con paz y pan, amigo,
las olas que soñaste en la deriva de tu amago final.    

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Esther

    
   He llegado a la conclusión de que cuando se apaga una estrella cae hasta la tierra buscando un jardín y se convierte en una flor que ni siquiera tiene por qué ser de colores.
   Y puede que hasta pasear pueda, de noche, por un pueblo peregrino con un nombre precioso, aderezado con una peña iluminada que igual no fuese más que un espejismo.
   Una flor, como una sombra oscura, que al anochecer, con las últimas luces, su pelo y sus ropas, con la brisa, al caminar, pisaba como una musa, como si sus pies no llegaran a tocar el suelo, ese puzzle encantado, pudiera ser que por elegancia.
   Cuando la miraba, no era por su cara, con esa belleza exótica, sobresaliente aún en la oscuridad, porque seguro que había sido estrella y le quedaba de ella el brillo que aún ausente se percibía; no ya en su cara, también eran sus formas, por esa manera de sonreír.
   Esther causa esa sensación, es tal que, teniéndola tan cerca, no te importaría ser de otra manera para tener la capacidad de soñar sus labios. Cálida, tanto que la brisa que refrescaba no llegaba a darme frío, ella estaba cerca, y sus palabras. Suficiente.
   Esther debe ser una musa o una náyade de un manantial cercano de aquellos maravillosos parajes perdidos entre el verde y el tierra, entre el alto y el valle, entre el cielo y la roca; en el caso remoto de que no sea una flor de polvo de estrellas; por su mirada, por su consejo sabio, por el tacto suave de sus manos cuando nos dijimos adiós, por la sensación de pérdida y de ausencia.
   Es una musa hecha de brillo, verde y agua. Estoy segura.


Premedito

Transitar…
Tus señales me atrapan, seducen mis tules, me someten,
y no sé lo que soy bajo tus ojos,
como si tu mirar fuese la trampa de una luna primera
en un mundo navegante a oscuras de las olas.

Nada más asolador, más rojo a la sombra del deseo
cuando hace frío, o el calor aprieta demasiado
y el respirar me cuesta insoportable, y me hace otra,
me desnuda de mí hasta los goznes de los huesos,
me descalza y me cubre de tu acariciar tibio.

Vagar…
 Ir… y venir…, quedarte ocioso en un segundo,
sublime hambre de cerezas sin más recurso
otro que tu ondular sobre mi piel
que tiembla hasta desordenar la alineación
que dispone e identifica todas las demencias 
ocultas en el rimar del verso y las codicias.

Dar sueños al hambre, dándonos todo igual…
qué más da que se rompa el cielo en mil bocados
mientras nuestros dientes se muestren satisfechos. 

Recorrer…
con sed de cientos de tertulias, con agua de mil lluvias,
con manantiales rotos esparcidos a besos
en desmesurado desorden y hojarasca.  

Cruzar…, atravesar…,
que tus dedos de obra arquitecturen
todos las aceras que yo sea capaz de ofrecerte
al alcance de tu mirada de animal
cuando nos arribe la codicia.

Venir…, volver…, seguir…,  
sentirnos locos al íntimo roce  
susurros…, hojas a la tempestad de la cama …
Soñando que repicaran las campanas
en todas las iglesias del mundo.

Recorrer…, Explorar…
los pasos de los pasos, sobre ellos,
para volver al inicio y que no acabe nunca,
dando la vuelta al envés que mira dentro,
que desbarata el gozar de todas las costuras
y nos labra los afanes, el para siempre en tu boca
aunque solamente nos dure un segundo.

Transitar el fondo angosto de la estatua que late viva
en medio del mutismo más irremediable.
Mientras…, mientras solamente premedito.





Vive

En la metamorfosis de la caracola
se esconde el murmullo de la providencia,
abrigada con las batientes crestas
de la orillada mar, frente al blanco perpetúo.

Agudiza el silencio que siempre dice cosas…

Entre muros de cedro se extenúa casi toda la tarde.
El zumbido de la abeja sucumbe sin miel
sobre los espectáculos y en las fraguas.
El debate te inclina sobre tu peor costado,
acrecentando el flujo de la presión que sufre.

Sé caracola sobre el heno alquimista
que se presta exigente
y no quiere saber de amores neutros.
Sé sueño de una ola,
sube los laberintos de escalones locuaces.
Vive, y duerme, el aliento, entre los libros todos,
y seduce al sonido de tu puntual campanario.
Vive…

Sobre tus verdes destellos, hojas al viento verdes,
bajo la lluvia rota, ruega, te secuestre la brizna
que se prende en los labios
y fructifica en todas las atmósferas,
incluso en la mañana que se traviste noche.  

Vive..., que el mundo es un segundo
y olvida que ruge la tormenta…,
hasta que no te sujete las manos
y te cale los huesos.  

Vive el sueño en la noche,

o quizás cuando amanezca…

Antoni Benaiges, el maestro que prometió el mar...


Prometió la grandeza, la avaricia de agua,
prometió el mar de los sueños de un niño,
la libertad de una ola en medio del azul,
del verde de las algas espontáneas…

Prometió la soltura de un pensamiento único
cuando la marea resuelve a su cualidad,
en el reflujo del tratado que nace
junto al corazón, donde engrandece el hombre.

Les prometió el mundo en pleamares
con el influjo dulce de amar a la voluntad
en láminas de azúcar que nacen abiertas
a la concordia y al encanto de la perfecta locura
que ensalzan los poetas.

Les prometió el mar, y una bala asesina
les mató la corriente de navegar hasta su propio anhelo.

En lágrimas y silencios
se secaron las olas ceñidas a un papel
del rojo de la sangre, y del oscuro miedo
en el antojo cruel de asesinar la lluvia.



JAVIER SÁNCHEZ DURAN "MAR DE AUSENCIAS"

 ...Emborrachó mi infancia con olores, sabores y recuerdos perdidos
en los jardines secretos de mi alma...


Javier Sánchez Duran recuerda vivir en un jardín.
Esta frase está dedicado a su tío Juan, su padre en su primera infancia, cuando su corazón se hizo pueblo.
Sin embargo yo presiento una infancia navegando en su mar de ausencias, quizás sin él ser del todo consciente del peso tremendo de las ausencias en la que nace ya; soñante de su pecho de luna, los besos de su madre.

Es esta sensación la que extraigo de su poemario, la ausencia como sentimiento predominante, como un latir profundo, mientras él se debate en un acumular nostalgias, por no mirar al fondo vacío que pudo provocar el exilio del mayor sentimiento.

Murmuran canciones
que tú me cantabas
cuando yo era promesa
en tu vientre de nieve.

Nunca disfrutó del arrope extraordinario de una nana en la noche, de un cariño con ternura infinita, esa que ronda como una hada en cada poema, como un perfume a campo de ropas amarillas, cuando el viento mesa suave la larga cabellera de los alisos.

Javier deja estructura de naturaleza en cada página, como un arquitecto de lo interior, del cálido sabor que esconde un puente viejo, al que abraza la yedra, se arropa con el entorno al que da entidad y se enamora. Eso hace un alma sensible. La belleza como premisa para sobrevivir, lo natural como estandarte y bandera.

Javier nos abraza y nos mima, es ese profesor que quiere al hijo que vislumbra en cada alumno. Su poema es coherencia y recato, con ese saber organizar secuelas y envites, amor y sentimientos, como el mejor transmisor del mundo, el buen maestro que ama con total devoción su trabajo y su vida.

El poemario es Javier en esencia y sin mácula, libre de todo subterfugio.
El poemario es un latido caluroso en la bienvenida del mejor verano cuando afuera hace frío.

Javier nos ofrece el arrope que le ha ido robando las agujas del tiempo, cansado de tanto expolio, él se revierte en afecto, trueca dolor, ausencia, y añoranza, mirando de frente la felicidad de la que ha sido portador y la acumula a raudales en el claro valle de sus ojos, no puede ocultar que en su mirada se mece el vino, la siembra, el beso, el sueño cumplido de una vida plena, y entonces las briznas le preceden por todas partes, y tatúa la frase que te deja prendida, a punto de ser alma, para besar el alma de quien le lee y le disfruta.

Javier es la ternura en palabras mayúsculas, no quiere frases mal sonantes que te duela al oírlas, por muy duro que sea el mensaje del poema, por muy lúcido que se exprese, siempre lo hace con palabras cómodas y agradables, con música de agua y ecos de su sierra encantada, fotograma de su mundo interior, su mar y su sierra, su playa y su huerta, su espuma de olas besando las hojas nuevas y el canto de los mirlos que juegan en la primavera cuando revienta mayo.

El autor de este poemario es la normalidad del tiempo que encamina los pasos del poeta y se hace rima al paso de los años, sabiéndose no inmune al delicado devenir, y llenando sus alforjas de la plenitud del tiempo y del espacio que le ofrece la vida, para no llegar a término sin haber sentido la belleza, lo suficiente.

Javier en sí, es poema.



PACO ALAYA "VERSOS DE PASION" "VERSOS APASIONA2"

El poema surge de la necesidad de desahogo y la tenencia.
El fandango del alma de la gente del pueblo.
La guitarra resuena desde los centros de sus cantares de arena y ola revuelta, y  de todo junto emerge el poema de Paco Ayala

Suena a cante hondo, a cuerdas conmovidas por manos diestras, a cantares en la boca de aquel que alguna vez ha enloquecido de amor en sus costuras, y entonces el poema se hace fácil al papel y te cala los huesos, como la nieve cuando cae en el Mulhacen y golpea, una ves desleída, su agua disoluta los canales de la esa Alhambra maravillosa que vio nacer al poeta.

Mucha morería… herencia de lo antiguo.., tonos árabes donde se mece el poesía en este poemario VERSOS aPASIONa2.  ilustrando el amor, el dolor, la reivindicación fluye y salpica y desgrana frases.
Como fondo de su íntima forma suena la guitarra, sin existir siquiera, la música persiste en el entre-sílabas de este poemario. Sones al viento de la escritura que te embauca y es cuando la lectura se hace canto, y el canto yace en lo escrito…

El poeta se enamora y se deja rociar como la lluvia en la primavera amarilla de sus adentros, y el papel se humedece con su dolor, con su ansia y su necesidad de cantar amores no correspondidos o deseos desmesurados que no soporta mantener en su corazón a oscuras, y entonces los pinta de colores sobre un lienzo en blanco y le adorna la cara, con la belleza de una mujer, sus formas y su boca resaltando sobre la pétrea blancura de una hoja.
 El poeta le pinta el rabillo del ojo, la maquilla a su antojo, le decora los labios de rojo carmín hasta que la hace suya y se enamora a su capricho y a su deriva.

No hay sentires en el mundo más importantes que la boca frambuesa de una mujer, cuando le reclama a gritos silenciosos y a miradas intensas, el beso que imagina ansioso en su boca, el poeta, que observa, y es cuando sobre su etéreo cuaderno de maravillas, ya le está haciendo un poema, por inercia, sin pensarlo, el poema fluye ante la belleza de la sonrisa que lo mira, y él se enerva en el juego de la naturaleza impuesto por los siglos.

No hay nada más hermoso que la coherencia, la lógica, y la reivindicación de los dolores del mundo, y el poeta lo plasma con un grito romántico y generoso, con los recuerdos de amores fraternales presentes también en su diario.
Para volver cien mil veces a inspirarse en la belleza impoluta que le propone el alma de una mujer, alma intocable más que para amarla, o tanto como eso,
en la constante elucubración del amor consumado, presente en el aire que lo envuelve, como si sus musas siempre pretendieran hacerles el amor.

Regodearse en la caricia, la mirada, plasmado el gesto en su lírica de animal hambriento ante la esencia femenina, pero siempre desde la perspectiva del infinito respeto y la adoración, como un cántico, una peregrinación hacia la mujer, donde le autor se reafirma continuamente.

Se enamora en una constante búsqueda del sentimiento, ese que le hace sentir vivo, y es entonces cuando no se sabe si es hombre, poema, fandago o guitarra, sin dejar de vibrar ni un solo instante.

Así es como yo veo a PACO AYALA

lunes, 19 de septiembre de 2016

cuando llueva

Espuma la armonía, dentro.
Rebusca en el trasluz de los espejos
si las fracciones no te ofrecen la luz
y los instantes.

No te enerves, regresa al alma
cúbrete con  el chal de los distintos,
y clava el tacón dispuesto a pronunciarse.

No te detengas, no pares,
no cambies nada del gesto,
ni la facción. Deja que el viento…

Rezuma el latir, no cejes,
muda el color en los iris de los ojos
de aquellos que no sepan mirarte.

Inaugura un bosque de esquejes nuevos,
donde las manos se cojan unas a otras,
y todos seamos árboles creciendo
al cielo ramas repletas de ternura en sus hojas.

Disfruta de las ansias sin disfraces ni secuelas,
y cuando llueva…, siente el agua
que moja los laberintos y continúa… 




mujer de azulejo

Deja que me llueva tu voz como de agua
y en el mojarme me haga mujer de azulejo,
que persistas en mí, y el brillo de tus ojos.

Recítame un verso que luzca todas las oscuridades
que contiene el mar cuando se vuelve barro.
Hazme el amor a hemistiquios y rosas verdaderas.

Soñar, quiero, con el terciopelo 
que me ofrece el arrope del abrazo líquido
cuando el mundo se precipita a tragos amargos.

El roce consentido, el beso que muerde, que se queda,
lo quiero, como tejido y seda que se adosa al cuerpo
y provoca resina y fiebre…

Déjame pensar que sí, que el tiempo se presta
a mi juego y a mi desquite de manera espontánea, 
por explosionar en las aceras de mis ansias locas.

Muero por una imposible felicidad de espuma
entre cristales de colores, y gemidos
que luzcan como voces con tonos de iglesia.

Deja que te piense, 
que me invente un lugar, una estación,
un choque de trenes de cerezas.

Un nuevo paraíso del que aún no sepa nadie,
sueño, con la fruta de todas las prohibiciones.
Crispemos las leyes a pedazos, a brindis de saliva,
y que la justicia se cambien hasta de nombre.











cuando el agua

Es el viento quien alimenta y deja morir en la aridez
de una catarata urgente por estallar de pronto.

La metralla se oculta en el laúd previsto de las hadas,
rasgando en el caos más absoluto, junto al pretil del beso
y la contención de las manos,
cuando los dedos se atrapan a sí mismos.

Sin horarios ni estadísticas…
El te quiero y el me voy, el me quedo y el no puedo,
aunados a una misma voz o gritados en ecos distintos.

El poniente es el culpable, y tus ojos…
y mi forma de sonreírte cuando me miras.


Es el viento, amigo mío, el viento, cuando el agua…

es una falsificación

Me trago la palabra  y la vomito
y sigue siendo pálida 
como una lápida gris y falsa de motivos
que se presiente mísera en el deseo.

La enjugo con mis lágrimas
y me sigue llegando el regusto a agua
de naufragios que bucean
en los pulmones muertos de aquellos 
que bebieron a cachos la estrategia.

La arrastro por mis tripas
para hacerme con ella,
y pensarme que es brizna de escenario,
pero la voz en off de mi garganta
la quiere agasajar con improperios.

La oculto bajo la almohada
y la dejo participar de mi aquelarre
a ver si así la conquisto…,
incluso la beso y la acaricio
en el intento loco de hacerla mi amante.

¡Es imposible!
La paz se mueve con el ritmo de las olas
que llegan a la orilla a martillazos.
  
Nosotros, que a ratos la tocamos
con la punta de los dedos
y soñamos en blanco el gris oscuro
que manejan los malos tiñéndola de negro,
tenemos el privilegio de lo absurdo.

No consta en la esencia de los hombres,
es una falsificación o un artificio
pintado sobre un cuadro que no existe.



bailamos a oscuras

En los pliegues de la ropa cuando te vistes,
en las horquillas que te prendes,
sobre el mármol frío donde dejas tus cosas
cuando el espejo te mira a los ojos.
En el lugar preferido de tu sofá,
en las teclas negras de tu desahogo,
sobre los álbumes que te cuesta hojear…
sobre las hojas de tus poemas,
dentro del poema, en su destilería…
En el zócalo inquieto de tus zapatos,
en el tacón pendenciero,
en tu pelo revuelto cuando duermes,
en el sueño profundo y en el urdir a solas.
Entre todos tus libros, tus hilos de colores,
en el cajón de tus encajes 
donde está la huella de tus noches 
y el aroma de lo más tuyo.
Quiero pensarme allí, 
que la distancia es tan sólo una estación
al paso de los trenes...,
una manera de llamar al punto 
que interfiere entre ambos
cuando realmente bailamos a oscuras
en el íntimo sentir del pensamiento.




A Miguel

A MIGUEL HERNANDEZ, CON LA PRESUNCIÓN DE QUE ES SU VOZ…

Es una despedida. Te vas en el murmullo pálido
que se escapa y se frunce el cuerpo a su tonada.
Sorda parece la tierra en el último beso.
Mis manos se endurecen de frío en el calor
que emana de mi pecho, por el amor que dejo
a la deriva, del cariño que se esparce, abandonado.

Te vas, como se pierde el horizonte cuando la luna
se niega, aunque le ruegue y la sueñe, y la persiga
y me humille en el empeño de mirarla, quizás como nunca,
por ser mi definitivo homenaje o abrazo implosivo
desde mi más cruel silencio.

Mi ropa no sirve en absoluto, y el tiempo
que no es tiempo me amenaza.
Me mata todos los años que no he vivido,
me asesina el tiempo, las palabras no escritas,
los lamentos, la impotencia, la lucidez, incluso la agonía.
Lo dejo todo muy bien colocado, entre mis versos.

El poeta se desvanece, ya soy humo, incienso,
mirra, qué se yo lo que soy, si ya me he ido.
Espíritu en la nada permanente,
pero aún me toco los huesos
que se mueren soñando el estar vivos.

Ya me sé muerto, aunque el corazón me lata aún,
ya no respiro, y en fuga el espacio me ataca,
desaparece en sombras
y recuerdos que no tendré jamás
de una vida robada a cachos y a entelequias.

Para oírme tendrás que hurgar entre mis frases,
me dormiré a ratos hasta que me mires,
te esperaré arropado entre poesías
que se diluyen al compás de mi nombre.

Búscame en las acequias, donde el agua,
en los rincones verdes, en los campos,
en la noche estrellada,
abriendo el portalón de mi casa.

Búscame en la noche
que la bóveda alada será mi guarida,
oscura e imprecisa, volúmenes extraños, presiento,
y no puedo saber si el alcance de mi esencia
te rozará la cara.

Búscame en el desvío de tus ansias,
entre estrofas y rimas,
en la decoración de la alacena que llevas en el alma,
en el paladar que se esconde en la poesía.
Yo aguardo así a estar vivo.                                   





El ascensor

Regresaba al mismo edificio, y me dije,
no puede ser, volvérmelo a encontrar…
Y casi nos chocamos al pasar al vestíbulo.

Mi sonrisa se presentó sin avisar.
Él me devolvió la suya, más comedida,
casi a medias, ladeada en el gesto.

El ascensor llegó de improviso,
no sé en qué estaríamos pensando.

Ambos íbamos a la décima planta.

Su mirada de plomo se incrustó en mis pestañas,
oscura y hemostática, o quizás lacerante
como un tajo que cruza…,
tanto que presentí su desborde a mi escote.
Me miró de tal forma que su rozarme
lo presentí en mi espalda,
recorriéndome ladera abajo, como la fiebre
de abajo a arriba..., con sus ojos de lobo,
con mi piel de leopardo, con mi locura intacta,
con su temblar de infierno,
concibiendo nirvanas a la vez, con ese juego….

Y mi mano a un paso de alcanzar los tramos
de su insensatez y la mía, de acariciar su pecho,
en el mezclar mis dedos en su melena, estaba.
Gozando el aceituna de su mirarme a solas…
Mi sombra colapsada en la lujuria
que embadurnaba la puerta de salida,
y el espejo oportuno que me ofrecía la imagen
de su vaquero azul.

Y puede, que, su mano en mi cintura,
elucubrara, y sus locas ideas saltaran en pedazos
al mismo tiempo que sus ojos continuaban
rompiendo los márgenes y los sometimientos. 
Sus labios a mi boca, pensaría, supongo,
su lengua suplicando que jamás
alcanzáramos la décima planta.

Pero se detuvo el ascensor maldito.

Me dejó pasar a mí primero,
su aliento desde tan cerca que..

No le he visto más.
Hoy vuelvo.


Todo es mentira


Todo es mentira,

salvo la roca dura, la piedra que toma cuerpo,
y vuela en rojo la guadaña audaz
del homicida establecido.

Me da en la cara, y sangro…
Todos los siglos se ensalzan y todos lloran
en la dual comparsa absurda que me mata.

Sollozan conmigo lágrimas
de las mil mujeres antes muertas
y de las mil que van muriendo ahora.

Ellos se desfogan, se representan, juegan…,
mientras yo desaparezco bajo el juicio de los hombres,
en nombre de no sé qué dios
que no atiende al ruego de mi pena.

¡Mentira!
No me miran, porque no soy yo, Soy ellos,
ni mi entidad ni mi dolor existe.
Soy sus pecados.
Sólo ven sus culpas mientras me matan.

Me da en la cara, y sangro, la piedra que lanzan
los fabricantes de mujeres invisibles.


déjame que delire

Saboreemos la luna a trozos sobre el tejido mojado
de lágrimas o sueños…, esparcida la humedad,
como fases de la luna primera.
Deja que soñemos soñando
que el mundo se ha ido a vivir a otra parte.

Que delire, déjame que delire
que el beso es la moneda de cambio,
que el abrazo, el poder de los hombres,
que la palabra, la fuente en fantasía,
que el amor, el todo en absoluto.



Soñar que el aire se respira con los dedos,
y me destilaré poema por todas las vertientes,
me haré sangre de letras en poesía,
será mi hígado un verso fantástico
robado a la noche de flores de cal.  

Una frase cualquiera descubrirá el sortilegio
cuando de amor bebamos
y amor precipitemos por las venas,
a la luz de la luna en medio de la calle,
restando a las balas el protagonismo.

Firmemos los contratos con un beso
y que la sociedad se desvanezca
para parirse nueva.


El libro de la vida

por los dedos de los pies
le salían hormigas que se disponían en ejército

por las manos, amapolas dispersas
en un campo de trigo a punto de recogida

del corazón le surgió un árbol tibio y arropador
que con un soplo de viento
se quedó desnudo en medio de la nada

el libro de la vida se le abrió en canal,

somos naturaleza
y en ella vives y mueres


domingo, 11 de septiembre de 2016

sábado, 3 de septiembre de 2016

disección DE UN CADÁVER


 (Poemario A PUNTO de publicarse)

POLVO
El evangelio urbano según la Cinti
Augusto Thassio S. Gómez de los Infantes

...Esquivo las manadas
de cabrones sumisos,
vitoreo la bravura
de motores rugientes
y pongo banderillas
a los paso de cebra...


...Los hijos que no tuve
me tiran de las ropas
se me agarran del cuello
procurando caricias
que ahogué entre las aguas
estancadas del miedo...


Hacía tiempo que Cinta había muerto, mucho antes de su miedo, de su rabia, de su delincuente manera de morirse, poco a poco, como se deteriora una flor en solo una primavera, con esa lentitud urgente y lógica, cuando cada día se pronuncia una muerte, una huída distinta y miserable, en la visibilidad de su entrepierna, de su muslo,  por los caminos abiertos de su piel y a los ojos de aquellos que nunca la miraron.                        

Augusto Thassio disecciona el camino hasta hacerse arteria putrefacta, el olor nos mancha hasta los huesos. El poeta continua escarbando en las heridas que salpican palabras malsonantes, rimas pintadas de la cruda realidad cuando el dolor, el miedo, no encuentra ya lugar en el pecho, ni la lágrima. Cuando el alma se vuelve sólo coño entre las piernas a la vista del mundo y sus secuaces.

Tremenda manera de vaciar un cadáver. Intensa autopsia de una mujer expulsada del trozo de paraíso que a todos nos pertenece, y expuesta al cadalso cotidiano de las calles, entre semáforos naturales, donde la humanidad no encontraba hueco ni soltura, entre secuencias mundanas, exigibles al latir de un ciudadano cualquiera. Ella no lo era, sin derechos,  muerta, mientras el rojo de su sangre se iba volviendo negro y el aire nunca fue aire, más que viciado elemento para seguir su ruta hasta el ataúd que le imponía cada paseante.
Nunca una sábana se volvió tan urgente como en este poemario, donde el lupanar lo lleva a cuestas la protagonista, en los hombros.  El pánico es vivir, seguir latiendo, mientras los ojos se vuelven testigos incapaces de sentirse por dentro.
Valiente y descarado el poeta, se mimetiza, se inmiscuye en la oscuridad sanguínea, en el voraz apetito de horas y minutos, mermados de briznas (la muerte llevó siempre la ventaja) por los territorios opacos por donde viajaba la protagonista, hasta dormirse un rato en el corazón de la Cinti.
Testigo único, el autor, de su morir viviendo. 

...Cagándome en la madre
que parió a medio mundo,
les grito en desafío que imiten
mi desgarro de himen.
Y se unten el dedo con saliva...

El contador de historias desvergüenza al verso para hacernos partícipes de la caída al abismo que propone el vicio blanco, suave, atractivo, disfrazado de paz en la encubierta forma de proponer un secuestro inacabado. Consigue, en su rima apócrifa, que todos al mismo tiempo seamos la Cinti, cuando la fluidez nos convierte en secuestrados anónimos del blanco poder en forma de Polvo.

...La Luna está preñada.
Y yo jodida.
En las esquinas de los malos ratos...
.
Magnífico, Augusto Thassio.

Ana Deacracia.

viernes, 2 de septiembre de 2016




HOME  GENTE  LA DAMA CULTA, UNA LIBRERÍA DE VANGUARDIA EN EL CENTRO DE HUELVA


La Dama Culta, una librería de vanguardia en el centro de Huelva

La Dama Culta, una librería de vanguardia en el centro de Huelva



Estaba invitado a la inauguración de la nueva librería del escritor onubense Manuel Jesús Soriano, a las siete y media en calle Cardenal Cisneros, en pleno corazón de la ciudad. Sabía del tirón personal y profesional del propietario y escritor que convierte cada presentación de su obra en un auténtico lleno de personas hambrientas, no ya por conocer de la misma, sino por adquirirla.
dama1La simbiosis entre escritor y lector en el caso de Manuel Jesús Soriano no tiene una comparación inmediata en la actualidad. La tarde estaba calurosa y todo hacía presagiar que ello menoscabaría la afluencia de lectores, amigos y fans, además de existir aún en la provincia un aire de estiramiento vacacional.
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La Dama Culta se llama esta nueva librería onubense y viene a cubrir un espacio importante en el mundo del sector huérfano de emprendedores que se lancen a un mundo difícil como es el de la cultura. El tema de los precios, el IVA cultural, la falta o carencia cultural de la población son acicates negativos suficientes como para pensarselo dos veces antes de dar el paso definitivo. Pero Manuel Jesús Soriano, junto con su mujer, traslada la imaginación literaria a la mercantil o comercial ofreciendo al público onubense libros o textos bañados por un atractivo guiño. No se trata de una librería al uso donde bloques de estantes se rellenan de libros fríos que no producen cercanía al posible comprador.
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Cambiando nuevamente de tema, ese pensamiento que me seguía sobre la posible falta de público por las circunstancias precitadas se vino abajo al doblar la calle Arquitecto Pérez Carasa con Cardenal Cisneros y toparme con una verdadera marea humana entrando y saliendo del local. Me fué una auténtica odisea poder entrar al mismo para saludar al nuevo empresario. La gente ocupaba los espacios dedicados a exposición de libros, los sofá y sobre todo la zona de caja donde intentaban abonar los ejempalares diversos de La Dama Culta u otros. En “La Dama culta” podemos encontrarnos con libros de ocasión, de saldos, de autores onubenses, Editoriales onubenses y, por supuesto, todas las novedades literarias. Todo ello estructurado en unas divisiones visibles con espacios abiertos entre los libros, evitando las aglomeraciones de los mismos y que terminan cansando por sobreabundancia al comprador.
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Ni que decir hay que el libro primero en venta fué “La Dama Culta” de Soriano. Un libro muy bien presentado en su formato grande y ricas texturas e impresión de sus páginas. Por otra parte, Nicolás Capelo era el artista amigo invitado por Manuel Jesús para amenizar el acto con sus canciones. Nicolás Capelo, aparte de un monstruo de la canción, que ha tenido un verano repleto de actuaciones por toda España, se ha convertido en todo un referente del mundo literario onubense. Su amor por los demás y su pasión por las Letras ha hecho que no haya acto poético o presentación literaria que no incluya en su programación la actuación del canta-autor moguereño. En el día de ayer, la afluencia de público, hizo imposible la actuación de Nicolás Capelo en el interior del local. El artista de Moguer, con muchos escenario en su figura, ni corto ni perezoso tomó su guitarra y su partitura para ofrecer al cielo de Huelva y a los allí presentes dos hermosas canciones con su increíble voz barítona.
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Por último decir que entre el público eran muchas las personas del mundo de las Letras onubenses , de la política y de la cultura en general que no quisieron perderse el evento y otros muchos que justificaron su ausenciadama6por motivos personales o profesionales.
Desde Berta Centeno o Ángel Sánchez en el apartado político hasta fotógrafos sociales y culturales como Cayetana Santana o Julián López, pasando por poetas o escritores como Fátima Javier, Ramón Llanes o Ana Deacracia. En definitiva, todo un acontecimiento y un lujo para Huelva y los onubenses de contar con personajes como Manuel Jesús Soriano que no solo nos recrea con su exquisita imaginación y pluma sino que hace un esfuerzo sin precedente en reinvertir en cultura para Huelva.