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jueves, 8 de febrero de 2018

Humo

Y se detuvo el mundo,
bajó no sé cuántos peldaños,
mirándome fijo, sin hablar.
Lo abrí como un regalo,
después de muchas horas.
Confundiéndolo conmigo misma.
Quizás lo confundí también contigo.

El mundo estaba hecho de esos besos malditos,
Esos besos que te cambian de nombre.
Rodando a cualquier hora
por todos los latidos
que es capaz de ofrecerme el corazón.

Mis manos están llenas de sangre,
mi vestido,
mis ojos lloran besos que no serán jamás.

Tu cuerpo de fantasma  que se ha ido,
y yo, triste de sombras, incapaz de llegar a ese lugar,
donde me aguardan, cálidos, los alhelíes.