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domingo, 5 de junio de 2016

MANUELA LOZANO "LA SENDA DE LAS PERLAS" "RETALES"

"Sé que me castigaran indefinidamente, pero he de hacerlo"
decía una niña, por aquellos años sesenta, una niña sensible…,
 y acercándose a las celdas abrió una a una todas las puertas, conduciéndoles a la libertad, las aves inspeccionaban tímidamente el hueco de salida"

Así se nos presenta una niña Manuela, sensible, y coherente con su propia política de vida, ya entonces Manuela era poeta, quizás ese fue su primer poema, escrito en el aire de las alas de aquellas aves que saboreaban el volar alto, hacia el azul, presintiendo ser dioses, así debe de saber la libertad.

Manuela Lozano Pérez, nació en 1958, en Villanueva del Ariscal, Sevilla, pero a Punta Umbría la lleva en los goznes, nada sería Punta Umbría sin ella, sin su arte, sería un pueblo más callado en invierno y más triste en verano, sin ella, la poeta de Punta Umbría, ella…, Manuela, importante.

No hace falta conocerla para quererla, no hace falta, fue un segundo, en un encuentro poético, un saludo, unas palabras y se hizo el milagro de la empatía. No la conocía, ningún dato, además de que no soy nada curiosa, pero estaba claro que Manuela era genial, lo dice su sonrisa, y el modo de tratarte, y esa sal espontánea que lleva en la mirada y te atrapa como el mejor de los condimentos.

No hace falta que diga que la quiero, me salva a ratos, ella abre mi jaula para que vuele, y eso siempre es fantástico, una amiga que incita a volar…


Una sonrisa única, mientras vuelan los pájaros,
el suspiro azul del cielo encandila las alas
una niña sueña, con esa libertad
que dibuja en el aire.

Sueño, sueño ser libre como los pájaros
en el azul María de la inocencia,
bajo la flama que encandila el Aljarafe
mientras dibujo suspiros en el aire.

Sueña, niña de espuma, con las manos abiertas,
cuando el ave se deja llevar por la corriente
que le agudiza el alma, entrado el horizonte
entre el pecho y el deseo de volar hacia el sur.

Sueño, sueño con orillas blancas
y amaneceres de espuma guardando la vida,
sueño ser ave abrazando el ocaso
y ondear mis alas en los vientos del sur.

Que no te ensucie nadie el corazón de plata
que guardas en tu escote,
que el mundo no te diga lo que tienes que hacer
porque tú eres muy grande, niña de aires de azúcar
donde vuelan los pájaros.

Sueño, sueño que mi escote es una caja de música
donde he de guardar el corazón de plata,
los aires de azúcares, el alma de niña
y el vuelo libre de los pájaros.


Gracias, Manuela, por lo que das, por lo cómo eres. Eres Manuela, a pesar de disfrazarte de Maruja y darle esa entidad maravillosa de niña diferente.

Diferente era el mundo que nos cuenta Manuela en su libro LA SENDA DE LAS PERLAS, La España franquista donde nació, con lo que ello conllevaba, o conlleva, aún el régimen haciendo estragos dentro de nosotras, aún la herencia..
 Salvo eso, nada me llega en negativo de lo que relatas, vivimos la misma época, excepto el primer rechazo por niña demasiado rígida con la verdad, y obligada acompañante en el pasear de los novios, cuando debía vigilar a sus hermanas. Por lo demás me viene una infancia especial, donde el amor es la cuadricula donde todo se amplia hasta quererse. No todos tuvimos eso, tu padre era amor y generosidad, y daba amor a sus hijos y a su esposa, en total compromiso. No observo indignidad ni patrimonio por parte del hombre de la casa, mucho es decir de tu padre para la época. Era amor tu vida, Manuela, y eso es lo que me ha llegado cuando leo tu libro, envidia sana de una vida libre. Lástima que la religión te bordara las alas antes de tiempo, pero has podido con ello y eso es magnífico.

Manuela escribe desde el anonimato, sabiéndose ciudadana de la calle y de la gente, sin aspavientos, ni aderezos que entretengan el paso de los ojos por las páginas donde la vida se expande en un segundo, como si vivieras con ella sus años de infancia y su adolescencia.
Te llega tal cual, como la lluvia cuando te da en la cara y te moja de la vida de otros. Ella es aguacero en medio de la calle, cuando el calor te aprieta la garganta.
Es ella, Manuela Lozano Pérez, esa niña que concluye que lo mejor de la vida fue su infancia…, y su adolescencia, cuando aún el mundo parece que te espera de colores, aunque en el fondo sepas, quizás por demasiado avispada, que el arco iris siempre se observa de lejos, y que lo debemos de pintar nosotros, cada día de la vida que nos reste, un matiz de pintura al lienzo que se arruga y envejece, y un color de naranja por un lado y una pincela azul que te recuerde el cielo y sus contrastes, o el mar que no fue suyo hasta entrada la vida.

Manuela hoy promete, promete hacernos felices de vez en cuando, no hay más que verla, hoy es escritora, pero ella realmente es poeta hasta los tuétanos, esa poeta que nace en la cocina, friendo huevos a los nietos, que nace en el parque mientras una vecina le aprieta con su vida la cintura y entonces ella luce un escaparate de poemas nuevos, para que todos sepamos del mal que padece su mundo de paseante observadora de las cosas, desde el perfil prudente y humilde de quien no se encuentra briznas de poesías en ninguna uña, ni cuando se peina, ni cuando se mira, no se ve poeta, pero su alma vibra en sensaciones que la travisten en la frase perfecta donde enjugar su vida y sus matices. Ella es poeta aunque aún no lo sepa.

¿Qué es el amor? le preguntó a su madre.
Lo sabes, Manuela, qué es el amor.

Su madre, Isabel, su madre, la mía, ellas si vivieron infancias trágicas. Nuestra madres, las que no tuvieron infancia ni adolescencia, nacieron adultas a la vida, sin pensar en ella mismas, solo sobrevivir entre la angustia, las carencias, el hambre, la sumisión, la tremenda esclavización de la mente, de las actitudes. Nadie les enseño a pensarse, y Manuela lo narra en su libro RETALES, con una sensibilidad extraordinaria. Este libro se muestra mucho más maduro, más consistente, se nota el recorrido de una escritora dispuesta a crecer y darlo todo ante su teclado.
Volvemos a la madre, al útero, volvemos al padre, al timón, al referente. Ramón, ese pintor de brocha gorda que un día soñó con ser Ingeniero de Caminos y se prendió su sueño en un puñado de pinturas de colores, sobre lienzos absurdos, cosas del régimen…, que aún siguen entre nosotros…, siempre.
 Manuela deja entrever perfectamente que ella es Isabel, que ella es Ramón, con todo el nervio del mundo, lleva en su actitud, en sus modos, en su fuerza, en cada sonrisa, cada abrazo, cada manera de proceder, ella es Isabel y Ramón, en esa plenitud del agradecimiento y el amor, del reconocimiento absoluto de que tuvo suerte en la vida, por los padres que disfrutó.

¿Qué es el amor? le preguntó a su madre.
Lo sabes, Manuela, qué es el amor.