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lunes, 9 de enero de 2017

Y AL FONDO, AYAMONTE




Y al fondo, la vida...
Esta sería mi conclusión.
Al fondo, dentro, el resultado de tejer esa tela de araña, dando lugar a la superposición que construye el paisaje.

Consuelo una lágrima que surge al hilo del dolor.
La sociedad mata, es el grito que también subyace en esta novela que te desnuda ante la propia existencia y sus secuelas, una tras otra, desde la terrible percepción de que la vida en sí es el cúmulo de imposiciones asumidas en el tiempo, como cátedra, cuando jamás sabremos hasta donde el bien/mal.
Aunque siempre la vida floreciendo caminos, incluso desde la más cruel de las circunstancias.
¿Qué sería del mundo si alguien, alguna vez, o muchas, no antepusiera el amor o la lógica ante el más tremendo de los juicios venidos de los hombres?

¿No será el amor, en definitiva, lo único que nos salva?

Rafael Oliva nació venido, en el tiempo, de un amor incomprendido. Sedujeron lo humano que latía en una niña…
Ahora, admirando sus cuadros damos las gracias, asumiendo la belleza y el "latido" que puede surgir desde el dolor más incalculable, ese que es capaz de llevarte a la misma muerte.

"Y al fondo, Ayamonte" es más que la historia de vida de este pintor extraordinario y sus excepcionales circunstancias familiares.

María Amelia y su determinación… Ella supo anteponerse a lo establecido, incluso a sí misma, se travistió otra para construir los recovecos que diseña el Destino en su inconmensurable organigrama.
Mujer obcecada  en salvar a dos niños recién nacidos, arriesgando su vida y su consciencia, lo que fuese, con tal de conseguir su propósito.
Almas buenas que consiguen milagros.
Y en la maraña del tiempo, siempre el omnipotente Cronos, sin alterarse, hasta traernos al presente que dibujó, a su pesar, Marianita Do Carmo en aquel mundo que la mató.
Sensaciones…, percepciones inexplicables, dolores y sentimientos de los protagonistas, con esa sacudida en el alma de lo venido de otra parte..., adicciones a lo místico, a lo espiritual... Hilos cósmicos uniendo puzles en lo complejo de colocar y recolocar situaciones, justo en los lugares precisos, hasta aunar a aquellos en los que latía la necesidad de saber quienes eran, y esos porqués que someten. La necesidad de la verdad por encima de todas las cosas. Y esa plenitud ante las respuestas.
"¿Pero qué es la verdad?. La verdad puede ser violada por la mentira y parir verdades y mentiras a medias, que en el fondo no convencen a nadie…" Escribe el autor.

Mariana do Carmo se hizo agua…, no pudo soportar, soportarse…, ahora ese sentir es nada, carece de importancia, mientras asumimos que somos meros vehículos fabricando futuro, que "el pecado", esa actitud reprochable e imperdonable, se minimiza con el tiempo hasta lo indecible. Y entonces es cuando asumimos lo humano…

Una novela que expone los sorprendentes orígenes del pintor Rafael Oliva
-comenta el autor en la portada-.
Una novela actual, fluida, cómoda, a pesar de la dificultad por la extensión en el tiempo en un entre vida complejo, donde Augusto Thassio ha sabido entrelazar lo humano y lo místico con maestría y una extraordinaria sensibilidad.
Grande, como su nombre.



Ana Deacracia