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miércoles, 5 de octubre de 2016

Nicolás Capelo, el juglar, el amigo.

Venía vestido con un traje de chaqueta oscuro y una camisa clara.
Él no lo sabía, pero para mí es la manera, la magia…
Su halo desdibujaba el entorno y entonces la película de la vida se llamó en ese momento Nicolás Capelo.
Su sonrisa todo poder, su elocuencia, ingenua y presurosa, era electricidad, magnetismo.
No soy curiosa y le había bicheado muy poco en Google, pero no hacía falta, supe que Nicolás era alguien importante.

Habíamos hablado por facebook, y le había encantado mi poema.
Fue en esta misma cafetería, tal vez ayer, así de rápido pasa la vida.
En mi peor momento apareció, mi tiempo se paró ese uno de febrero y era noviembre, el noviembre pasado.

Un mes demasiado poético, porque noviembre sabe a hojas, y el recorrido de una hoja es una vida entera en esa sinuosidad con la que baila… Cuando mi hoja caía del árbol de la vida Nicolás llegó esa mañana con su espléndida sonrisa, contagiosa y entusiasta, y aun sin  su guitarra Nicolás era ya música. Su mirada brillante, sus modos agradables en su dejarse llevar con esa locuacidad de cuento de hadas con que te conquista.

Hablarme de mi poema era lo que necesitaba y él se mostraba encantado, era la primera persona fuera de mi entorno que me valoraba.
Me volví a casa sintiéndome un hada, es lo que consigue Nicolás Capelo, se ha creado a sí mismo, se ha nacido de él y sus tantas circunstancias para venir a nosotros y conquistarnos para que seamos felices.

Es tan fácil quererle… Nicolás es generosidad, fue también la primera persona que de alguna manera confió en nosotras, en mí y en mi hermana Pepa y nos invitó a una encantadora velada de literatura. No sé si él es consciente de hasta qué punto fue importante aquel encuentro. Nicolás abre puertas…

Es tan fácil quererle…
No es que sea guapo, que lo es, no hace falta que lo diga. Pero no todo se ve a primera vista. Detrás en la trastienda de sí mismo existe alguien que no sonríe, alguien con buen criterio, con la sabiduría que te da la perspectiva. Alguien que ha sabido equilibrar perfectamente al actor, cantante, con el amigo, con el compañero, con el señor que existe en él.
Recuerdo, aquí mismo también, no a Nicolás, quien sonríe a mi lado, sino al Nicolás analítico, consecuente, dándome el mejor de los consejos, a dúo con Inma. Esa noche de verdad era lo que necesitaba, observé algo importante, Nicolás también era pilar para él y para otros, no sólo era la fuerza de Inma, que es todo poder, la que le sustentaba, Nicolás disfruta de un equilibrio interior porque vive bajo un templo que construye y ama, un templo sustentado a dos. Eso me encantó. Da impronta.

Y qué decir de su música, qué agregar si la música es la fuente, la lluvia fresca que te da en la cara, y él con su guitarra nos baña de lluvia, de hojas, de gotas de vida aliviando los ánimos o volviéndonos efervescentes, a veces son lágrimas…, las gotas…

Expectantes, todos estamos expectantes ante su próximo CD, Palabra de mujer II. Sumamos más de él.
Porque no podemos imaginarnos el mundo este del poema sin sus notas, sin él dando la nota con cada mirada cantada desde el atril, y subiéndonos en la carroza de Cenicienta para sentirnos todas princesas y príncipes, que los hay, durante cuatro minutos, el tiempo que él se desgrana en cada canción.

Es interesante que haya pensado en hacer este libro "Dando la nota", es bonito acceder a sus canciones, poder tenerle aún más presente y más auténtico a través de las letras de su alma.   
Impresiona ver mi nombre en su libro, habla mi parte vanidosa.
Haces feliz.

Creo que es lo mejor que pueden decirte.

No dejes nunca de ser como eres, no dejes de cantar, de darte, de compartirte, no dejes de escribir canciones y hacerlas volar, el mundo está muy necesitado de personas como tú, eres generosidad, amigo, Nicolás Capelo, y esa cualidad no es precisamente muy habitual.

Haces feliz, amigo, gracias por ello.  


ANA DEACRACIA