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lunes, 19 de septiembre de 2016

mujer de azulejo

Deja que me llueva tu voz como de agua
y en el mojarme me haga mujer de azulejo,
que persistas en mí, y el brillo de tus ojos.

Recítame un verso que luzca todas las oscuridades
que contiene el mar cuando se vuelve barro.
Hazme el amor a hemistiquios y rosas verdaderas.

Soñar, quiero, con el terciopelo 
que me ofrece el arrope del abrazo líquido
cuando el mundo se precipita a tragos amargos.

El roce consentido, el beso que muerde, que se queda,
lo quiero, como tejido y seda que se adosa al cuerpo
y provoca resina y fiebre…

Déjame pensar que sí, que el tiempo se presta
a mi juego y a mi desquite de manera espontánea, 
por explosionar en las aceras de mis ansias locas.

Muero por una imposible felicidad de espuma
entre cristales de colores, y gemidos
que luzcan como voces con tonos de iglesia.

Deja que te piense, 
que me invente un lugar, una estación,
un choque de trenes de cerezas.

Un nuevo paraíso del que aún no sepa nadie,
sueño, con la fruta de todas las prohibiciones.
Crispemos las leyes a pedazos, a brindis de saliva,
y que la justicia se cambien hasta de nombre.