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martes, 2 de agosto de 2016

Aprender a pensar

Mi amigo Alonso Conde me dice que debo imbuirme más en la literatura, sé que a él le encantaría que le siguiera el ritmo. Seguirle el ritmo a él es seguir el viento…
Llevo toda mi vida robando ratos al tiempo, pero sin darme cuenta, jamás pensaba en mí, aun así los libros han sido mi sostén y mi requiebro.
Independientemente de lo que haya conseguido, mi nombre nació a pedacitos de libros que le fueron dando estructura.
Mi primer libro (fuera ya de la lectura puramente infantil) fue "Últimos días de Pompeya" era de la biblioteca del colegio. Mi padre, en un arrebato de poder, me lo quitó de las manos amenazando con romperlo. Seguramente no lo sabía, pero en aquel libro estaba precisamente el poder…

Bueno, he de agregar que Platero lo leí con ocho años sin ser consciente de que abría la puertecita de un sueño…

Barrabas fue el segundo libro por donde deslicé mis dedos…, Los renglones torcidos de Dios…, Pregúntale a Alicia… Y se fueron sucediendo libros, quizás sin títulos…, hasta abrir Los años del cólera…, a parte de J. J. Benítez, que aunque no me hice con sus caballos, si me pudo el Testamento de San Juan y algún que otro libro suyo, escudriñando los laberintos del universo.

Pero era madre, secretaria, hija y un sin fin de variedades profesionales, donde el yo se diluía en pro del ellos…

Pérez-Reverte fraguó el milagro definitivo, y me hizo adicta, sembró la curiosidad, la indignación, y miles de preguntas que me colapsaron. Primero me atacó como articulista, consiguiendo que me dejara llevar por la historia, para comprender el arduo paseo del hombre por el mundo, las tesituras, los enigmas y los laberintos pasados, y poder asumir el presente y soportar el futuro…

La narrativa fue pasando como flores que aprecias desde lejos…, a veces alguna flor…, mientras alimentaba mi curiosidad con hojas de ensayos y sustancias… Necesitaba saber por qué somos como somos.

Cervantes, mi asignatura pendiente…, esas novelas ejemplares me constaron lo mío. Me hice con La odisea, La Iliada…, nunca las acabé. Me gustó Dorian Grey, pero el tiempo siempre manda…, y no seguí con Oscar Wilde, algún día…, mientras rozaba a Nietzsche, Kafka o Freud, también me secuestró Maurice Druon con sus Reyes Malditos, Toti Martínez de Lecea, y gran variedad de autores por esta línea, hasta llegar a Emilio González Ferrín, maravilloso…
 Me enamoré de Los gozos y las Sombras…., de Saramago con su Caín…, de Pío Baroja, El Árbol de la ciencia…, y cómo no Antonio Gala, con ese Manuscrito Carmesí... Sin dejar de leer la novela última de la que todos hablaban…, poco más que eso. Pérez-Reverte me llevó a su terreno y devoré con ansia aquello que escribía, haciéndome con el novelista.

La poesía fue una ilusión a ratos, siempre como aire, conociendo a muchos pero sin hacerme con nadie…., hasta que mi madre consiguió que me enamorara de su amor de siempre… Juan Ramón Jiménez, y el sueño…

Hoy que el paraíso llega repleto de gente muy interesante, me observo a mí misma y asumo que puede que perdiera alguna vez el tiempo.
Hoy que abro un libro de Henry Miller, que mi amigo Javier me ha regalado, siento que aún puedo estar a tiempo de hacerme con la literatura de una manera más exquisita, y así no equivocar a Borowski con Bukowski y poder reconocer esos versos magníficos de autores que hasta ahora desconocía.

Gracias, Alonso, ayer fue una noche para recordar. Algún día…, quisiera mirar atrás y no sentir que perdí el tiempo ante un televisor cualquiera sin aprender a pensar.

Algún día me observaré a mí misma, desde lejos, y me diré, con nostalgia y reconocimiento, que tuve la inmensa suerte de sentirme amiga de gente muy grande.


Ana Deacracia