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viernes, 20 de noviembre de 2015

París -

TODOS nos morimos ayer,
todos seguimos muriendo hoy.
Cuesta tanto encontrar la esperanza
cuando París es roja
saboreando la noche de los hombres.

El corazón se ha vuelto, sin embargo,
negro de manos negras, ante tanta barbarie.

Hoy que todos hemos muerto
es cuando más nos urge
sentir la unión ante el derrumbe
que arquitectan los poderosos

mientras dormimos todos a disgusto,
y, entonces, para quedarnos al margen,
aun después de muertos,
y poder salvar el alma de esta hecatombe,
la unión de las mentes es necesaria.

Para mañana, una vez todos resucitados,
no olvidar la tumba de aquellos
que dejaron la estrella frente a la guerra
callada y sorpresiva que les ha arrebatado todo.