Google+ Followers

sábado, 26 de septiembre de 2015

Sin líneas *


RECOSTADA sobre la alfombra de la tierra  
entre entuertos y dolores
y briznas de esa esperanza inquieta
que se pare a la vez del hijo.

Echada en la arena de los tiempos
donde tantas madres han parido.

Sus piernas en medio de la nada
en una frontera cualquiera
eléctrica, cortante, dolorosa y estricta.

Se empeña, mi madre,
se involucra  en orientarse
al mejor de los escenarios posibles
en la línea del espejismo de los hombres.

Me pare huérfana.  
Disidente del lugar adonde
me regresa desde su vientre íntimo.

Entre vicisitudes
entre ilógicas contradicciones,
me nazco sin límites.

sobre la humedad del suelo, de la sangre,
del líquido amniótico derramado
igual que el mar de los sueños
de todos los paridos.

Entre el celeste y el ocre, me alumbra  
y yo abro los ojos  
nacionalizada en el mundo y en las flores
y en el campo y en la fauna
a la espera de la cordura del individuo
a la espera.

Abrigándome con la ilusión
de todas y cada una de las madres
de esta urbe que se desencadena prieta.