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lunes, 20 de julio de 2015

Mármol o Liparita -

Qué atrayente el mármol
cuando el tiempo lo ha forjado
a duro y blanco, impertérrito,
como si se hubiese hecho a sí mismo.

Qué interesante y magnético
con sus visos de brillos imperfectos
y en esa dualidad te permaneces
al provocar pudor por si al rozarte duele
quizás por frío.

Pero no, no se trata de mármol impecable,
no hablamos de roca evolutiva que de caliente a frío
en esa metamorfosis desencadenante
se convirtiera en blanco reluciente.

Parece que si en mi cuello
luzco el alma que me sobra  te descubro
y cuando te miro, te siento casi humo
de raíces antiguas en tus tripas rancias
que no hay más viejo que aquel que lo presiente
cuando al final el tiempo es relativo
y la edad depende de la inercia
que te ensalce el silogismo y la dicha.

Y en tus bolsillos… que saben a cerveza
que si de algo presume es de su espuma
y en ella va su lustre y desaparece.

¡Con todo lo que llevas, amigo, en los bolsillos!
es triste que la espuma viva y muera en un instante
justo ese que se tercia al mirarte a los ojos
y entonces mi alma se acongoja y petrifica
y también toma tonos grises
en plena simbiosis de lo humano,
cuando de lo humano era de lo que se trataba.

No eres mármol, amigo, lo dicen tus ojos
que me cuentan historias que te callas
al enfrentarte desnudo como un niño
aunque tú prefieras sentirte roca dura.

Eres… como una ola perdida en plena sierra
en un rincón extraño en desvarío
como una penitencia. Cuando Eres Viento,
eres talento y amor, si tú quisieras.

Mientras tus bolsillos esconden
un mundo, superviviente, de giros y estructuras
con palabras increíbles,
que pueden rozar como liparita,
suavizando de golpe mis esquejes
para quedarme liviana y expectante
como una adolescente,
después de regalar, amigo, el aire que te sobra.

Pero has decidido esconderte en mármol
que se agrieta y despedaza por momentos
en vez de asumir tu geometría
y mostrarte sin tanto fingimiento,
(por no nombrar, amigo, la palabra que me llena la boca)
arropándote en frases tan trilladas,
cuando no hay mejor argumento que uno mismo.  

Transparente y casual como una brizna,
además de intenso y lacerante como una frase,
te presintió mi alma que tiene ojos de gata confesa.

Soñaba verte poema, ese que te late y que te ahoga
y por hacerte sentir mármol, nos comparte,

Y mi lágrima llora
al pensar que sea solamente por eso.