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martes, 16 de junio de 2015

Hasta la última flor… -

marionetas dormidas por cualquier lado
desvencijadas; mi alma las mira rota.

Ausente en el entorno, todo y nada alrededor.

Me restriego los ojos y vuelvo a mirar
como si eso fuese a cambiar algo
vuelvo a mirarlo todo, buscando un no sé qué…
Hago una foto fija; y nada al alrededor
mientras todo me ahoga.

Todo es Nada ahora, tan aplastantemente.

No hubo despedidas,  y no encuentro los besos
no están, aunque me tiento
y me arrastro los dedos por mi cara
y concluyo: no hay besos
ya no hay besos, ni palabras, ni consejos
ni su abrazo de amor ni ese darme su vida entera
ni su mano cálida apretando la mía
con aquella sensación de que era para siempre.

Mi alma las mira rota en un mundo completo
donde la nada existe tan insoportablemente
mientras hundo mis manos entre sus hilos de colores
como refugio, buscando pedacitos de ella
pedacitos para componerme y justificarme.

El ayer ha desaparecido entre sus telas,
el hoy se encara como un guerrero
que quiere aunar la desventaja
con la daga que blande
el desconsuelo de mi ánimo.

Jirones esparcidos, trozos, pedazos
y una calma tensa que espesa el aire
que no hay…,
que si no quiero no respiro
y si no respiro sólo me salva un beso.

Así luce, como si todas las marionetas del mundo
se hubiesen dormido al mismo tiempo;
asfixiadas, heridas, mutiladas, enfermas, ciegas, sordas.
Ausentes.
Ausentes.
Ausente  sin su voz y sin su risa
y ese halo que convertía todo
en un espacio diferente, vivo.

Que desaparezca, que las flores se marchiten
que el edificio se hunda
que los cimientos engullan hasta las ventanas más altas
que todo sea nada de una vez
y que se lleve el peso de su ausencia
que se lo lleve de pronto
con un golpe de viento

que la nada sea nada
que el todo nada duele.

Que arranque hasta la última flor…