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domingo, 14 de junio de 2015

...esa sensación de que nada importa -


Pinceles, brochas, sangre
pintura, ira, besos, sudor y lágrimas.

Una paleta de pintor
y una vida sobre ella de colores
de sombras, de sonrisas
en caminos que continúan su rumbo.

Una noria de feria que no para de girar
como un sueño que se repite cada mañana
que, a veces, muchas veces
sabe a pesadilla y hasta a infierno
en algunos momentos difíciles
cuando la luz entra por mi ventana, sin permiso.

Pinceles frente a un puñado de lienzos
apilados, un montón de material
como un fosa…
Pinceles revolcándose en el presente
obviando el alma, pinceles que pintan lo que quieren
con la predisposición de lo establecido.

Voy a romper de un golpe mi estatura
mi forma, mi sistema
y todas las pátinas que se acumulan
porque pretenden, sin piedad,
pintarme absurdo el nuevo día.

Quisiera romper mi espacio con palabras
si el daño no me hiciera prisionera
y borrar lo pintado con coraje
para plasmar la primavera infinita
de tus arropes abrigándome
y de cortinas tus besos, y los míos
en tus labios, apretando mi mano.

Sin más mundo que ese...,
que el problema es que lo demás sobra
el entorno me aprieta demasiado.

Pero el destino va por su cuenta...
y entonces, frente a lo establecido,
me bebo una triste cerveza que sabe a avena y trigo
y me lleno de campo…, de aire…
y de esa sensación de que nada importa…,
aunque el liquido redentor me sabe a poco
cuando pienso que mañana
volverá la triste amanecida
con esa luz que me revienta los ojos…