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viernes, 12 de junio de 2015

Amapolas en medio del verde -*

Qué pena, qué penita; si eras valiente…

Si eras la mujer más guapa del mundo
por dentro y por fuera.

Si el amor te lo regalaban a pedazos
y con ese amor te hacías un ramito de jazmines
para decorar tu pelo, a base de sonrisas.
Sin embargo te despojaste de todos
entregándote en la ceguera de un amor cualquiera...
de promesas de hielo que el propio calor deshizo
a primeros de cambio, como una mentira...

Si tus formas tenían la plasticidad
del movimiento de las flores
si tus ojos eran aroma del campo
romero, y jara
amapolas en medio del verde.

Qué pena, qué penita
regalaste tu vida como quien entrega un cuadro;
cuatro esquinas sin salida
y el contenido plasmado, fijado para siempre.
Como quien entrega un cuadro
cuatro esquinas sin salida
y una vida cuadrada sin retorno
con castillos sin suelos y sueños sin cielos
y estrellas apagadas
que con besos, tus cariños, encendías a ratos…

Con amores arrancados 
a las páginas de sus libros
haciendo el amor con poemas
con palabras, con espejismos
donde siempre se ocultaba su nombre
como recurso de supervivencia.

Si eras valiente;
debiste romper el lienzo y volar
como una cometa, libre
con jirones hechos de telas de todos los colores
respirando el aire de la calle
y pisando fuerte con esa luz tuya.

Qué penita, qué pena,
que mi vida daría, sin pensarlo,
sin dudarlo un segundo,
por cambiar de un plumazo tu historia,
qué diablos importa el resto...

Aire de la calle…,
aire que hubiese movido tu pelo al ritmo de ese alma tuya
grande, grande, como el aura con que te vestías
cada vez que la lluvia mojaba tus ojos.