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miércoles, 6 de mayo de 2015

Para que no muerda -

Desde mi ventana
caminan, asumidos o lejanos
con sus muchos problemas.

Seguramente que sí, que sí,
colgados del límite sostenible de sus dedos.

Desde mi ventana se vislumbran soluciones
y esperanzas, puertas abiertas.
Aire fácil en los pulmones de la gente.
Y caminos, muchos caminos.

En mi puerta de entrada me mira un ruego,
un susurro o quizás, quizás una penitencia.
La incertidumbre se adueña de mis palabras.

Desde mi ventana y en mi puerta,
en mi puerta, y sigue ahí, mirándome.

Y es que me espera, me espera gritando,
callado el silencio que se oculta, como una nevada
teñida de cielos oscuros de noches eternas,
de estrellas rojas, de neblinas frías en el calor
cuando en la amanecida todo parece otra cosa.

Y no hay manera, ni forma ni modo
de darle el lugar, el encaje, la fórmula,
el énfasis a la oración para,
para que no muerda.

Será nuestra idiosincrasia.