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sábado, 9 de mayo de 2015

Debió ser para ella... -

   ELLA tenía catorce años, él era mayor, un muchacho, un hombre. Se enamoró de él sin saber siquiera lo que el amor era, y los estragos que el amor produce, cuando de amor se muere... 
   Él debió enamorarse de su boca, y de sus ojos llenos de vida, con esa luz que amanecía cualquier rincón oscuro. 
   Pero fue un cobarde, en vez de robarle besos a escondidas y cruzar el mapa de su cuerpo, ungiéndola en pecado y el placer que da la vida, lo buscó en brazos fáciles.
   Debió ser para ella.
   Tanto amor, qué hacer con tanto amor, cuando el amor te mata, mientras tu enamorado se casa con otra, para saldar deudas y compromisos.
   Debió ser para él.
   Toda la vida dando vueltas en su cabeza, como una letanía, como ese enredo perseverante que te arrasa hasta que te mueres, y en ello murió.
    Un día llamaron a su puerta. Ella ya era mayor. Eran las hijas de él y un puñado de fotos de una vida que debió ser con ella.
   Fue un cobarde.
   Allí se quedó, perpetuo, el trozo de tierra, bajo los naranjos, donde debió arrancarle los besos, romperle la boca con todo ese amor que se evaporó en el aire, o se perpetuó en los corazones para siempre.
   Debió ser para ella.