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viernes, 17 de abril de 2015

y que surja la música -

Dame la mano tuya que yo me presto.
Sigamos el relieve que marca la frontera,
cantemos como locos una canción distinta,
que me salve del mundo y su acritud.

Que me salve, compañero, que la verdad me ahoga.

Toquemos el piano de mi cuerpo y el tuyo,
aliviemos el ansia que me secuestra,
paseemos nuestros dedos por las teclas todas.
y que surja la música…

Que me salven tus besos, que me salven
de esta pena infinita que me ahoga,
de esta enajenación de lo real de la vida.

Construyamos una escalera,
a pedazos de mí, de mi estructura ajena
que ni mía la soporto,
que no me soporto a solas,
que me niego a mí misma y que emerja otra
entre los derribos de ropas, joyas y fotografías
que me recuerdan a ella.

De los trozos de carne que se me desprenden,
para subir después, en la quimera,    
de que todo es distinto o como antes,
de que todo ha cambiado
sin cambiar un ápice de un segundo
de lo vivido, de vivir algo nuevo,
y todo de nuevo otra vez…

De vivir, mi vida, que es de lo que se trata,
respirando de golpe el aire nuevo de la calle.
Lo necesito para recolocar los trozos
del cuerpo que poco a poco se me desgaja.