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domingo, 19 de abril de 2015

Candilejas -

Mirando al horizonte,
acomodo mi pelo en mi almohada
entre perfiles y estantes tenues
y me abrigo con los ojos,
con los ojos de gato que me mira.

En la línea difusa
sobre la cenefa oscura que ofrece la noche,
me siento dueña de la música  
que recita poemas.

Los hilos de la luna me secuestran
y muestran, desde el lóbrego celeste,
el amoroso aquelarre de las estrellas
con fuego de cometas y algarada.

La luna me ata las manos
para que disfrute de la ceremonia,
de la fiesta a oscuras:
diptongos e hiatos en plena disfunción.   

Y los cometas me acarician,
me besan en la boca,
me recorren entre lujurias y avaricias
hasta que... desaparecen.