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martes, 28 de abril de 2015

La búsqueda infinita de tu boca… -


Me rasgo las aberturas del cuerpo…
Surge la sangre…, esa que no se ve,
pero se revuelve entre mis dedos, y noto
que se deslizan, que la sangre fluye…
La sangre de la que me alimento…

Me sorbo a mí misma el líquido viscoso,
y sobrevivo al trance,
mientras un rumor de juego de un patio antiguo
me recuerda mis primeros pasos,
observando cómo de extraño se fragua el camino…
con su extraordinario zigzag…

Un manojo de flores me habita 
como un presagio, el aroma es aroma
como nunca, con esa manera intensa de dominarme.
Un canción me hace pedazos,
me vuelve trocitos de cristales transparentes,
despedazados pero contentos de ser briznas de algo
vivo, al fin y al cabo, trozos vivos que laten…

Un rincón cualquiera me parece tan paraíso,
que el paraíso exista ya, no tiene sentido ahora...
Y entonces me recorre como un virus,
trepanando todos los poros de mi piel
para colonizarme, como un mal testigo,
como una penitencia o como el mejor de los regalos…
con esa ambigüedad de convertirme
a la vez e presa y libre…

Una camisa de cuadros, sus desbotones…
o una guitarra…, son de otra manera…

El horizonte.
El pulso.
El tiempo.

Todo es diferente.

La luz se amplifica
con su extraordinaria refracción.

El mundo juega con esos trocitos pequeños míos,
dispuesto, el mundo, a recomponerlos,
y los dejo en las manos del artesano
para que me maneje con el arte de la taracea.

Y todo da igual,  qué más da la muerte,
que más da el dolor del mundo,
mientras no sabes si vives de verdad,
o si de verdad vas muriéndote,
entre la muerte y la vida. 

La acera es distinta,
el pisar se compacta con trazos tangibles, 
con el latir pasional donde se oculta el gen
de los cientos de mujeres que llevamos
atadas a nuestras trenzas.

El cielo que se presta.
y la lluvia que no es capaz de incomodarme
los pensamientos…, o quizás moje esta falta de lucidez.

El sol se hace distinto
traicionero siembra primaveras en mi pecho
que florecen como amapolas gigantes…
y me colapsan y se escapan las hojas por mi boca,
y cuando hablo, la carne se me enciende, roja…

El dolor se hace difumina.
Los males se alejan.
El mundo ya no importa tanto, no importa nada…
cuando nada importa, más que tu propio caudal…
La realidad se pierde… y ni siquiera bostezas,
te olvidas…
entre sueños de hojuelas y azarares.

Los ojos se ciegan con velos de locura,
y esa cordura que sabes que se desvanece
como espuma la cordura se hace agua…
agua que se escurre entre los dedos,
mientras aprietas con fuerza el aire de la calle,
para que no se te note tanto…

Que se enlaza, cómplice, entre los entresijos y las fábulas
de las moralejas en las que el corazón se hace pedazos
en la búsqueda infinita de tu boca…

Siguen todos los fragmentos esparcidos
por la planicie blanca, esparcidos
por el aire de los jadeos a los que me entrego…,
partículas brillantes que se unen cual caleidoscopio,
con ese encaje y desencaje, con ese imán, con esa inercia,
con esa transparencia que es mentira,
nada es más que el instinto ahora,
que ni la música importa, cuando surge fuerte la música…

Ese instinto que se te pega a la piel y te traspasa,
como una golondrina hace nido en las esquinas
que se prestan, abiertas de par en par,
como un ventanal, a la renovación y el florecimiento,
casi sin pedir permiso, intruso y egoísta,
el instinto arrasa..., arrasa…

Esa manera de pintar, de pronto, pinceladas a la vida,
que con pintura de todos los pinceles de nuestra orografía, 
pretendes plasmar eso que te ahoga,
sobre todos los lienzos del mundo…,
o de tu cuerpo, rogando te disuelvan
en alcohol o melaza…
para volver a sentir que el aire te recorre,
cuando sueñas con ahogarte…,
con ahogarte…



lunes, 27 de abril de 2015

Y sigues adelante... -

Te dicen que estás viva
y te tomas el pulso
incluso te levantas y te vistes.

Me paseo por la casa con la impresión
de que el mundo se equivoca.
¿y si morí aquel día que descubrí la muerte?
¿Y si no fue la muerte lo que laceró la vida?

Te dicen que estás viva
y sigues adelante
casi como un geisha mal educada,
ácida como los cítricos.

Me quedo pensándolo un par de días
porque no tengo claro que el corazón me lata
mientras siento mi piel con sabor a crematorio.

Es curioso, pero me miro al espejo y alguien sonríe
cuando siento penando, la pena que estando muerta
parecerle al mundo que sigo aquí
cuando voy  teniendo la sensación
de que las esquirlas de mi esqueleto,
las espolvorea el viento.



sábado, 25 de abril de 2015

Sólo ella sabe cómo hacerlo -

El hada de la mañana otra vez me ha despeinado
iluminada con su impecable traje negro…

Otra vez ha venido hasta mi cama
y sin previa nana ni encanto alguno
ha mezclado sus dedos en mi pelo, enmarañando…

Otra vez, como cada día del resto de mi vida,
me ha despertado sin una palabra siquiera
ni un susurro, sólo ella sabe cómo hacerlo.

Sentí en la noche el abrigo,
pero al mover sigilosa su vestido
me refugié en el frío del calor pegajoso
cuando ya nada es cálido.

Sentí besos, abrazos, y apagones
con el intento de cubrir la luz del día,
mientras tu voz, mi vida,
se arrimaba cada vez más
para calmar mi angustia:
esta sensación devastadora.
O cómo quiera que se llame,
qué más da, si sólo es un calificativo.

Tan increíblemente pegajoso es su tacto,
su envoltura, que me quedo atrapada
en la cuadratura que me propone
el círculo vicioso de mi cama…
Y entonces no existe nada interesante si me levanto
y pruebo, si  el suelo vuelve a sostenerme
o es verdad lo que me grita en silencio al oído:

que el mundo ni siquiera exist
 e.

domingo, 19 de abril de 2015

Candilejas -

Mirando al horizonte,
acomodo mi pelo en mi almohada
entre perfiles y estantes tenues
y me abrigo con los ojos,
con los ojos de gato que me mira.

En la línea difusa
sobre la cenefa oscura que ofrece la noche,
me siento dueña de la música  
que recita poemas.

Los hilos de la luna me secuestran
y muestran, desde el lóbrego celeste,
el amoroso aquelarre de las estrellas
con fuego de cometas y algarada.

La luna me ata las manos
para que disfrute de la ceremonia,
de la fiesta a oscuras:
diptongos e hiatos en plena disfunción.   

Y los cometas me acarician,
me besan en la boca,
me recorren entre lujurias y avaricias
hasta que... desaparecen.

  


sábado, 18 de abril de 2015

En un zaguán cualquiera se esconde una flor -*

Y mientras paseo me alerta el taconeo
de la estupidez y de esa prioridad absurda,
donde el mundo alberga la diana de su terquedad.
Arrastro mi felicidad, esa que no he tenido nunca.
Porque mi lucidez me ha mostrado sólo las secuelas
y los trapos sucios.

Aunque los árboles que me cuentan cosas, me alivian
y las puertas de las casas me hablan de historias,
de nombres y acontecimientos
y yo lo escucho todo con deleite, y fascinación,
cuando una nube me aturde y me consuela,
y en un zaguán cualquiera se esconde una flor
que encara cualquier maniobra de ofensiva.

Pero me alertan las miradas abstraídas
de aquellos que sólo ven su ombligo,
al mirar su monedero como papel de oro,
con la ingenuidad de un niño,
y la imprudencia de un viejo.

Que mi optimismo no lo he regalado nunca,
el realismo le ganó la batalla
en medio de tanto trozo de deshecho
y tanta inmundicia,
con la que me manché las manos,
y que por mucho que me las lavo,
no consigo arrastrar las marcas, las huellas
y las derivaciones.

Lloro. 

viernes, 17 de abril de 2015

y que surja la música -

Dame la mano tuya que yo me presto.
Sigamos el relieve que marca la frontera,
cantemos como locos una canción distinta,
que me salve del mundo y su acritud.

Que me salve, compañero, que la verdad me ahoga.

Toquemos el piano de mi cuerpo y el tuyo,
aliviemos el ansia que me secuestra,
paseemos nuestros dedos por las teclas todas.
y que surja la música…

Que me salven tus besos, que me salven
de esta pena infinita que me ahoga,
de esta enajenación de lo real de la vida.

Construyamos una escalera,
a pedazos de mí, de mi estructura ajena
que ni mía la soporto,
que no me soporto a solas,
que me niego a mí misma y que emerja otra
entre los derribos de ropas, joyas y fotografías
que me recuerdan a ella.

De los trozos de carne que se me desprenden,
para subir después, en la quimera,    
de que todo es distinto o como antes,
de que todo ha cambiado
sin cambiar un ápice de un segundo
de lo vivido, de vivir algo nuevo,
y todo de nuevo otra vez…

De vivir, mi vida, que es de lo que se trata,
respirando de golpe el aire nuevo de la calle.
Lo necesito para recolocar los trozos
del cuerpo que poco a poco se me desgaja.




lunes, 6 de abril de 2015

Y me pinto los labios de rojo vivo -

  
Los años nuevos ocultan
los viejos que se vuelven nuevos.

Me pinto los labios de rojo vivo
y reviven el color rojo de mis labios
como rutina, como recordatorio.

Quiero vivir otra vez
lo vivido para hacer las cosas de otra manera.

Levantarme otra vez a mis dieciocho años
mientras mi madre me peina suave, suave,
mientras mi novio me mira con un guiño,
mientras la vida espera para ser
nuevamente vivida, para volar,

Con una sonrisa ingenua y un vestido nuevo.
Con unos tacones de vértigo, y tu boca,
y tu boca, vida mía.

Quiero volver a soñar
y como no puede ser,
te beso con toda la ternura de que soy capaz,
y con ella y con un baile mío,
me dejo llevar por mi salón,
en zapatillas, con una camisa desgastada
y muchos años más de los que me gustaría.
Y me invento una fiesta, 
y me involucro en el aire de la música
que me propone volver, volver, volver.




 +

Ausencia -

Descorcho lentamente una bonita botella.
Brillante y única, distinta.  
Líquido atrapador y elegante.

Arropador como la luz del sol en un invierno frío.

Un bebedizo auténtico, de esos que su efecto no lo olvidas nunca. 
Burbujas como estrellas hacen nido en mis recorridos y mis cuencas
y mis rías se enfervorizan con tanto brío,
mis montañas y mis prados se embellecen y se apagan al mismo tiempo,
mientras me río como si fuese una fiesta,
mientras lloro en medio de una triste despedida.

Y levanto mi copa.
Levanto mi copa.
y lloro por ti,
que con tu ausencia has cambiado mi vida para siempre

Voy a emborracharme ahora con mis propias lágrimas,
un brindis al aire de estrellas,
esas que llevo tatuadas en el alma.

Voy a emborracharme ahora hasta ahogar la locura,
no teniendo cura la cordura loca que siempre me amenaza
desde el mismo borde del abismo que me ronda,
como una cantinela antigua, como una cantinela.
Con está música insensata y demente.

Voy a emborracharme a ciegas para no pensar,
para olvidarme toda, para olvidarme siempre
como imbuida en un tremendo aquelarre,
para olvidarme entera de mí misma,
arrinconarme y renunciarme.
Ajustarme y ceñirme.
Forzándome, si hace falta.

Y si tengo que hacerme un torniquete, apretaré fuerte,
aunque se escapen al cielo las estrellas
que en mi puño cerrado aguanto y soporto, y mimo
y quiero y sostengo con el ahínco austero de una madre.

Levanto mi copa y bebo con desesperación
ese licor viejo, rebuscando el sabor de esos besos tuyos,
de esa tierna manera de amarme, de esos abrazos
que se fueron al cielo de las estrellas donde duermen ahora.

Donde duermen 
para no morir en el dolor
que me causa tu pérdida.


jueves, 2 de abril de 2015

Y continuo subiendo la calle -

No existieron mariposas en los jardines del parque,
junto a los columpios nunca estuvo ella,
y su sombra sigue siendo mi búsqueda.

Mientras, sigo pintando su nombre
por las paredes, como un poema.
En los charcos, en las aceras,
en las ruedas de la vida, escribo su nombre
con lapiceros que crujen sobre nubes de papel,
de papel acartonado y páginas arrugadas
de libros viejos, de cuadernos de mentira,
de carpetas de colores,
de sueños blancos con tinta que ni siquiera se ve.
Con trazos lentos, oscuros e insensatos.

Si pudiera, si pudiera volver a escribir Mi nombre.
Si en mis noches me hubiera enseñado ella
con ropa de camilla y juegos y risas
girando a nuestro alrededor, como aire.
Ya sé que no pudo ser.
Ya sé que no puede ser.
Ya sé que no puede ser, ahora.
Aunque parezca que todo es posible.

A veces pienso que nada fue tan importante,
por evidente, sin recurso, sin petición.
Pero sucedió sin preguntas, sin tantas respuestas
como necesitaba.
Sólo sé que me faltó su nombre.
me faltó su nombre.
y...
y su mano en la mano mía.

Ella no calmó mi pena, ni arropó mi frío,
ni mi noche en vela.
No existieron  historias contadas a media luz,
no existieron sus caricias en mi pelo,
ni mis lágrimas secadas por sus besos.
Maldito mundo, nunca dije su nombre.
Sus sueños y mis anhelos duermen,
aún,  flotando en el aire de la calle,

Y continuo subiendo el acerado,
sigo buscando el ritmo del paso,
sigo…, después de mis tantas tesituras,
de mis guerras, de mis batallas,
de mis conquistas, mis encuentros, mis tertulias,
mis desencuentros, y mis castillos sobre hojuelas.
Dando amor esparcido sobre el cielo de mi calma,
sobre el infierno de mis iras,
fui besando las caritas de besos y sonrisas,
fui besando al mundo, con esas ganas,
con esa necesidad de encontrar su nombre en mi cara,
sus besos en mi cara, esos que alguna vez me dio.
No hay regalos, ni fines, ni horizontes,
mientras busco sus huellas para sentirme, sentirme.

Ya sé que no pudo ser…
Ya sé que no puede ser…
Ya sé que no puede ser, ahora…

Aunque, a veces, parezca que todo es posible…