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sábado, 28 de marzo de 2015

Ilusión -

No había nada sobre el suelo
más que inmundicia.

La casa estaba descuidada
como si el mundo no hubiera pasado
jamás por aquel lugar
como si no hubiese mundo.

Las cortinas de las ventanas 
no eran más que harapos desmembrados 
y lazos viejos y la cocina languidecía
sin comida alguna.

No existía murmullo de hogar
parecía que jamás había cruzado la puerta.
Una vieja se asomaba a la ventana
como esperando a alguien
y junto a la lumbre, una mujer joven
se calentaba las manos
ásperas, rudas, manos de tierra y paño.
La oscuridad del gesto era tan evidente.
La ilusión nunca pasó del umbral
esa que se necesita como agua
como el aire que te renueva 
y te desayuna cada día.

A pie de zaguán se escuchaba a un niño
curioso que se riera
que se riera incansablemente
rompiendo en cientos de trozos
aquella trampa triste.

Aquel niño reía
y el aire resplandecía a su alrededor
como una especie de milagro.
Mientras el crío, absorto en sí mismo
apretaba unos zapatos contra su pecho.

No eran pasos lo que auguraba
no era futuro en el presente
quizás se pareciera más a una amenaza.

Era más fuerte la ilusión
esa ilusión al sentirse bien
al sorprenderse persona importante.
Debió ser eso,
por su forma, por su empaque
por esa manera ingenua de reírse
de apretar sus zapatos nuevos
como los apretaba, con esa risa

y esa manera de sonreír.