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martes, 20 de enero de 2015

Mi antiguo oleaje -

Me has pedido un poema diferente,
una fuente de ideas más positiva,
otra lluvia de risas en mis poemas,
en el algoritmo de mi cariz,
en el mobiliario de mi continente,
nuevo, otra vez, mi antiguo oleaje.

Un análisis del segundo que luzca intacto,
una música distinta, pausada, o loca,
con el ritmo de un latir vital y exultante.

Me has rogado, al mirarme a los ojos,
con esa ternura tuya,
que entrelace las palabras de otra manera,
donde fluyan ilusionantes mis sonrisas y mis sueños,
donde recoloque, con tinta de arco iris de alas de peces,
los cauces eternos de mis páginas.

Pero mi armadura se aja en su huida,
se vuelve esquiva
y transeúnte en mi propia guarida.
Se revuelve por su cuenta,
ajena, compañera e intrusa, propia
indiferente y distinta, y tan mía,
recostada, donde estuvo siempre.

Los amaneceres se diluyen
como espuma que aparece y desaparece,
blancos entre grises, celestes, y oscuridades
amenazantes, entre besos bordeados de desgarros
que se engrandecen y se tatúan, 
en el borde efímero de ese recuerdo,
retomando ser tesoro y escondite. 
Albergue y lugar cómodo,
entre pedazos de secuencias,
que, en la distancia, 
parecen como si no hubiesen ocurrido nunca.

Yo lo intento, entre arrojos verdaderamente encomiables,
pero surgen delincuente las palabras
que se licuan de pragmáticas a constantes,
a intransigentes, a desesperantes.
Mientras me esfuerzo
para que en el brillo de mis ojos
nadie sea capaz de leer mis poemas,
mis miserias y mis ruegos.