Google+ Followers

martes, 20 de enero de 2015

Mi antiguo oleaje -

Me has pedido un poema diferente,
una fuente de ideas más positiva,
otra lluvia de risas en mis poemas,
en el algoritmo de mi cariz,
en el mobiliario de mi continente,
nuevo, otra vez, mi antiguo oleaje.

Un análisis del segundo que luzca intacto,
una música distinta, pausada, o loca,
con el ritmo de un latir vital y exultante.

Me has rogado, al mirarme a los ojos,
con esa ternura tuya,
que entrelace las palabras de otra manera,
donde fluyan ilusionantes mis sonrisas y mis sueños,
donde recoloque, con tinta de arco iris de alas de peces,
los cauces eternos de mis páginas.

Pero mi armadura se aja en su huida,
se vuelve esquiva
y transeúnte en mi propia guarida.
Se revuelve por su cuenta,
ajena, compañera e intrusa, propia
indiferente y distinta, y tan mía,
recostada, donde estuvo siempre.

Los amaneceres se diluyen
como espuma que aparece y desaparece,
blancos entre grises, celestes, y oscuridades
amenazantes, entre besos bordeados de desgarros
que se engrandecen y se tatúan, 
en el borde efímero de ese recuerdo,
retomando ser tesoro y escondite. 
Albergue y lugar cómodo,
entre pedazos de secuencias,
que, en la distancia, 
parecen como si no hubiesen ocurrido nunca.

Yo lo intento, entre arrojos verdaderamente encomiables,
pero surgen delincuente las palabras
que se licuan de pragmáticas a constantes,
a intransigentes, a desesperantes.
Mientras me esfuerzo
para que en el brillo de mis ojos
nadie sea capaz de leer mis poemas,
mis miserias y mis ruegos.



sábado, 10 de enero de 2015

Me lo prometiste -

Me prometiste que llenaría mis huecos con otros besos,
mis abismos,
que mis hijos harían el milagro,
que mi amante me rescataría
de mis precipicios y mis miedos.
Me lo prometiste, que el mundo mantendría la estructura
perfecta de la simetría caótica
pero simetría soportable y salubre.

Pero mis huecos arden por tus caricias,
tus palabras hacen nido en mis sienes 
y no se sustituyen con ninguna pócima
que el tiempo mantenga preparada.

Me prometiste, rodeada de historias de leyendas,
que curaban mis heridas primeras
las de aquella niña que soñaba
con una vida entera junto a ti; me prometiste
que soportaría el huracán tremendo de tu ausencia.

Me lo prometiste y te irás sin cumplir tu promesa.

Porque necesito tus besos más que  nunca,
porque las heridas me las cura el calorcito
eterno de tus manos,
porque mis heridas sanan de golpe
en el azul celeste de tu regazo,
en el canela tierno de tu abrazo,
en el lirio amarillo de tus besos.

Y en tu risa, madre, y en tus risas.