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viernes, 5 de diciembre de 2014

La justicia es una ilusión humana -

He leído “EL ÁRBOL DE LA CIENCIA”. No es un libro actual, está claro, pero no debemos olvidar a escritores de la talla de Pío Baroja a quien es inevitable admirar, desde luego es un escritor que no te deja impasible.
Sorprende cómo desfoga su yo interior en este libro, plasmando los recelos que le provoca una sociedad acatadora, que asume con resignación todo aquello que le proponen los escalafones sociales, siguiendo impávido, el mundo, ante la injusticia. Hasta llegar a la conclusión, como observador, más que como parte de un todo, que en el código genético tenía que estar el secreto, para que cada individuo acepte su situación, dejándose llevar por la pura y dura inercia. 
La lectura de este libro ha sido enriquecedora, destacar el disfrute que me causaron las conversaciones del protagonista, Andrés, con su tío Iturrioz, demoledoras, cuando has vivido toda la vida haciéndote preguntas que no tienen respuesta, y compartes con el personaje la sensación de absoluta pequeñez y desconcierto, ante un mundo que nunca te ofrecerá el libro que siente cátedra, sino que cada individuo tiene que ser su propio buscador de respuestas, hasta encontrar aquellas que te den la fuerza para poder seguir, en el intento absurdo de controlar..., algo, a todas luces imposible, en este mundo caótico e imprevisible, en el que solamente puedes llegar a conseguir el arreglar tu propio armario, o intentarlo, pero que es ahí donde se acaban los recursos para ordenar un todo completamente ingobernable; y cuando vislumbras que esta es la verdad absoluta, los preguntadores empezamos a volvernos locos, hasta que, buscadores de recursos impenitentes, nos disfrazamos, consiguiendo encontrar aquello que haga que, un momento efímero, te regale la posibilidad de tomar aire y seguir, seguir en este juego de vida. 
Interesante, este libro, aunque revuelva tu centro y el regusto sea amargo… Te quedas pensativa, triste, desolada, tal vez, cuando presiente que Andrés, simplemente, hace aquello que Pío Baroja debió pensar muchas veces y nunca fue capaz. Seguramente encontraba el motivo perfecto para seguir bogando, y desviar su barca para evitar encontrarse de frente con Caronte.
Como lectora siempre busco encontrar esas frases que laten escondidas entre las páginas, sabedoras de su poder de convencimiento, que te hacen vibrar, enamorarte del escritor, claudicar ante ÉL, y este libro está plagado de ellas; frases maravillosas, en las que, o bien, deja clara la tremenda generosidad de Andrés para con los demás, en plena dualidad, porque no está muy seguro de si la humanidad merece la pena; pero vive el sueño, esperando a que el mundo despierte adulto; o te hace reflexionar de una manera imprevista, cuando de golpe te chocas con un puñado de palabras que te dejan perpleja ante tanta verdad. Tantas razones hay como palabras en el propio libro, para dar por provechosa la lectura del mismo: la fluidez, la facilidad con que se puede volar por encima de esta novela. 
La frase que más me ha impresionado, de esas que te hacen cerrar el libro para procesar el fondo y la forma:
LA JUSTICIA ES UNA ILUSIÓN HUMANA.