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miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hoy seré música --

Pensaré en música.
Seré música.
Me volveré música.
Tejeré la música entre momentos en los que solo soy silencios, y palabras a voces en mis sienes.
Aunque hoy seré música…, solamente música.

Música a mi orilla, en mi espejo, en el perfil del viento que me acaricia, revolviéndome toda.
Música en mis uñas, con las que prometo no lacerarme el alma.

Música, la música que cuadruplica la despensa ambigua de mi despensa, música con la que restriego cada centímetro cuadrado del círculo, ese con el que intento controlar y provocarle la puñetera cuadratura…, esa cuadratura que me da la vida, el proyecto de ir contra el mundo, contra corriente, siempre hurgando hasta conseguir lo mejor, aquello que somos capaces de entregar en la generosidad, cuando se expande en el aire la maravillosa sensación al convencerme de que los seres humanos merecemos la pena.

Música que bebo y paladeo como el mejor de bálsamos, el mejor medicamento, la mejor solución para volar a ras de tierra… sin aspavientos, sólo soñando deslizarte de esa manera fantástica que te proponen las teclas de un piano, o las cuerdas de una guitarra, mientras te dopas el corazón, otro día más…, como refugio y quimera, con la absoluta certeza de que sin la música se te quedará encogida el alma, y entonces la vida pendería de un hilo.

Música como ayudante impenitente de la mágica fluidez de mis dedos sobre este algoritmo que se esconde en la oscuridad del conjunto de figuras asimétricas que seguramente son las letras y los números de la ouija que me conecta con aquel que me dicta al oído la frase de un poema….

Seré solamente música, cuando el mundo afuera aprieta y escuece hasta difuminar el amor de la luna, que se disuelve lenta en el mar de las olas de la codicia ajena que abandera el proyecto del hombre; y entonces la luna se desgarra y se atropella, y se vuelve rencorosa y cruel, y abandona a la noche a su suerte.


Aun así, seguiré siendo música, meciéndome en los sones y en los giros, en el elaborado engranaje de la armonía que se esconde en una canción, que la hago mía y la tatúo en el halo desenvuelto, que discurre por los circuitos sanguíneos que me recorren, como el oxígeno, ese que necesito para que mi corazón siga intacto.

La música…, hasta colapsar mi cerebro para distraerme de este mundo que no termina de convencerme.