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lunes, 29 de diciembre de 2014

Un cuento eterno dormido en sus labios -

No existen las palabras
entre sus ojos y mis ilusiones,
mis ritmos y mis esperanzas.
No encajan unas silabas cualquiera,
ni siquiera un frase perfecta,
porque nada es comparable
con sus besos, los que voy guardando
bajo la piel de mujer entrada en años
mientras que en realidad juega una niña con ellos,
y los restriega fuerte contra su alma,
desnuda de cualquier otro sentimiento,
mas que sus abrazos y aquel arrope extraordinario
mientras, en la oscuridad de la noche,
sonaban sus palabras en un cuento.

Iba narrándome el futuro
en mi equipaje, bordándolo de horas
con hilos, los mejores que supo encontrar
en el cobijo amable de su almohada,
siendo el mejor lugar del mundo.
Ahora que se revuelven los tiempos,
ahora que observo de otro color el horizonte,
que su línea se vuelve difusa
con la fuerza de sueño que se rompe.

Ahora que el tacto es diferente
del roce de sus manos,
porque se alejan hacia el infinito,
como un rumor en una brisa inocente
y culpable de amor, mis sentimientos,
que por cobardes,
no son capaces de decirles lo que siento,
tan fuerte, tan palpable, tan intenso,
en este inconfundible laberinto.

Ahora que aún me enfrento a su regazo
con aquellos mismos miedos,
ahora que duele tanto el futuro,
ahora que los amaneceres son distintos,
más fríos, más inconstantes,
ahora sueño en soñar que es sólo un sueño
y que nunca me ha de faltar
su cuento narrado a mis oídos,
aquel que me gustaba tanto.


viernes, 5 de diciembre de 2014

La justicia es una ilusión humana -

He leído “EL ÁRBOL DE LA CIENCIA”. No es un libro actual, está claro, pero no debemos olvidar a escritores de la talla de Pío Baroja a quien es inevitable admirar, desde luego es un escritor que no te deja impasible.
Sorprende cómo desfoga su yo interior en este libro, plasmando los recelos que le provoca una sociedad acatadora, que asume con resignación todo aquello que le proponen los escalafones sociales, siguiendo impávido, el mundo, ante la injusticia. Hasta llegar a la conclusión, como observador, más que como parte de un todo, que en el código genético tenía que estar el secreto, para que cada individuo acepte su situación, dejándose llevar por la pura y dura inercia. 
La lectura de este libro ha sido enriquecedora, destacar el disfrute que me causaron las conversaciones del protagonista, Andrés, con su tío Iturrioz, demoledoras, cuando has vivido toda la vida haciéndote preguntas que no tienen respuesta, y compartes con el personaje la sensación de absoluta pequeñez y desconcierto, ante un mundo que nunca te ofrecerá el libro que siente cátedra, sino que cada individuo tiene que ser su propio buscador de respuestas, hasta encontrar aquellas que te den la fuerza para poder seguir, en el intento absurdo de controlar..., algo, a todas luces imposible, en este mundo caótico e imprevisible, en el que solamente puedes llegar a conseguir el arreglar tu propio armario, o intentarlo, pero que es ahí donde se acaban los recursos para ordenar un todo completamente ingobernable; y cuando vislumbras que esta es la verdad absoluta, los preguntadores empezamos a volvernos locos, hasta que, buscadores de recursos impenitentes, nos disfrazamos, consiguiendo encontrar aquello que haga que, un momento efímero, te regale la posibilidad de tomar aire y seguir, seguir en este juego de vida. 
Interesante, este libro, aunque revuelva tu centro y el regusto sea amargo… Te quedas pensativa, triste, desolada, tal vez, cuando presiente que Andrés, simplemente, hace aquello que Pío Baroja debió pensar muchas veces y nunca fue capaz. Seguramente encontraba el motivo perfecto para seguir bogando, y desviar su barca para evitar encontrarse de frente con Caronte.
Como lectora siempre busco encontrar esas frases que laten escondidas entre las páginas, sabedoras de su poder de convencimiento, que te hacen vibrar, enamorarte del escritor, claudicar ante ÉL, y este libro está plagado de ellas; frases maravillosas, en las que, o bien, deja clara la tremenda generosidad de Andrés para con los demás, en plena dualidad, porque no está muy seguro de si la humanidad merece la pena; pero vive el sueño, esperando a que el mundo despierte adulto; o te hace reflexionar de una manera imprevista, cuando de golpe te chocas con un puñado de palabras que te dejan perpleja ante tanta verdad. Tantas razones hay como palabras en el propio libro, para dar por provechosa la lectura del mismo: la fluidez, la facilidad con que se puede volar por encima de esta novela. 
La frase que más me ha impresionado, de esas que te hacen cerrar el libro para procesar el fondo y la forma:
LA JUSTICIA ES UNA ILUSIÓN HUMANA.


La angustia de Abraham --

Siempre he sentido mucha curiosidad de cómo hemos llegado hasta esta circunstancia, como seres humanos, donde, entre otras muchas cosas, nos condiciona algo fundamental, por no decir fundamentalista: la religión, que nos ha estado manipulando desde los albores de la humanidad. Este libro de Emilio González Ferrín, LA ANGUSTIA DE ABRAHAM, es un inmiscuirte en las ocultaciones del ramal de arterias, vasos sanguíneos, pulmones y corazón, sin olvidar las tripas, de este evolucionar de dogmas y ortodoxias, en constante fricción con la heterodoxias, que son en realidad innovaciones o selecciones de una misma tradición, como indica expresamente el autor. ¿Cuándo se produce, en esta sucesión de ortodoxias, en un constante insistir en precuelas construidas sobre heterodoxias hasta dar lugar al tronco común de donde nacen el judaísmo, cristianismo e Islam, tal como hoy están constituidos, la entidad de cada religión?
Centrándose en los orígenes culturales del Islam y partiendo de que Abraham es el referente mítico fundacional de al menos estos tres sistemas religiosos, que no existen tal y como hoy lo reconocemos hasta la Edad Media, este libro hace la autopsia perfecta de los entresijos humanos que dan lugar a verdades absolutas, monopolizadas por aquel que está más cerca de la fuente exclusiva de verdad, calificados de autoridad discursiva que impone la idea, que las regiones asumen con discurso divino.
Os garantiza un posicionamiento extraordinario, eso sí, con san google como ayuda permanente, pero toda una experiencia. Sin duda un profesor arabista e islamólogo, como referente obligatorio.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Hoy seré música --

Pensaré en música.
Seré música.
Me volveré música.
Tejeré la música entre momentos en los que solo soy silencios, y palabras a voces en mis sienes.
Aunque hoy seré música…, solamente música.

Música a mi orilla, en mi espejo, en el perfil del viento que me acaricia, revolviéndome toda.
Música en mis uñas, con las que prometo no lacerarme el alma.

Música, la música que cuadruplica la despensa ambigua de mi despensa, música con la que restriego cada centímetro cuadrado del círculo, ese con el que intento controlar y provocarle la puñetera cuadratura…, esa cuadratura que me da la vida, el proyecto de ir contra el mundo, contra corriente, siempre hurgando hasta conseguir lo mejor, aquello que somos capaces de entregar en la generosidad, cuando se expande en el aire la maravillosa sensación al convencerme de que los seres humanos merecemos la pena.

Música que bebo y paladeo como el mejor de bálsamos, el mejor medicamento, la mejor solución para volar a ras de tierra… sin aspavientos, sólo soñando deslizarte de esa manera fantástica que te proponen las teclas de un piano, o las cuerdas de una guitarra, mientras te dopas el corazón, otro día más…, como refugio y quimera, con la absoluta certeza de que sin la música se te quedará encogida el alma, y entonces la vida pendería de un hilo.

Música como ayudante impenitente de la mágica fluidez de mis dedos sobre este algoritmo que se esconde en la oscuridad del conjunto de figuras asimétricas que seguramente son las letras y los números de la ouija que me conecta con aquel que me dicta al oído la frase de un poema….

Seré solamente música, cuando el mundo afuera aprieta y escuece hasta difuminar el amor de la luna, que se disuelve lenta en el mar de las olas de la codicia ajena que abandera el proyecto del hombre; y entonces la luna se desgarra y se atropella, y se vuelve rencorosa y cruel, y abandona a la noche a su suerte.


Aun así, seguiré siendo música, meciéndome en los sones y en los giros, en el elaborado engranaje de la armonía que se esconde en una canción, que la hago mía y la tatúo en el halo desenvuelto, que discurre por los circuitos sanguíneos que me recorren, como el oxígeno, ese que necesito para que mi corazón siga intacto.

La música…, hasta colapsar mi cerebro para distraerme de este mundo que no termina de convencerme.