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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Mi amigo Quevedo me echa un cable --

Hoy voy a dar la vuelta a mi escopeta
para tirar al aire, o adonde fuere necesario
para defenderme, cual molinera,
que aun, embadurnada en polvo,
y bien espolvoreada, donde la harina
nunca llegó a profanar
ni un encaje, ni una puntilla
que han lucido, inmaculadas,
siempre en mis partes pudendas.
Al menos que yo fuera consciente, que esa es otra.

Es mi amigo Quevedo que me empuja
enredada por siempre en sus sonetos, yo os prometo
que haré el retrato de esta antigua escritora
(por no decir vieja, que la palabra molesta mucho).
Aprendiz de todo y sabia en nada
impaciente, imaginativa, y nada holgazana
que con un libro se quita las penas y se tiñe las canas,
La siempre olisqueadora de rincones nuevos
de los que desaparece al primer cuarto de vuelta.

Sin más dilación ni inconvenientes
paso a narrar la vida mía,
que aunque me la pasé entre caballeros,
hacendosos ellos, manitas, carpinteros,
no Jesures, más bien  plebeyos y buscavidas,
que es con quienes me siento mucho más cómoda.
Equilibristas de ellos mismos,
entre soledades amplias y mucho trabajo por hacer,
que después de cientos de horas trabajadas
no tenían una casa a la que volver,
más que tremendas distancias
y el desconcierto mismo
en navidades dolientes y abatidas.
Mi voz en off, a algunos, supongo,
les debió servir de arbotante
de contrafuerte y estribo.

No tengáis mala sangre y me seáis mal pensados.
Dejar proseguir a la narrante:

Erase un teléfono a una mujer pegada,
muchas horas al día, por penitencia,
algo debió hacer la pobre mía, (en otra vida)
para llevar el artefacto al oído todo el día
sin gustarle siquiera,
más que mirar a la gente cara a cara,
entonces me impusieron un teléfono.

Y volaron los años como locos
sobre la banda mía que transportaba,
por el aire mis palabras,
y como dijo Quevedo en algún
trazo de un soneto, para nada olvidado,
"a fugitivas sombras daba abrazos",
más jamás se me dio un caballero por confundido
y eso que en el menester volaron treinta años.

Yo, que despotricaba de mi suerte,
toda la vida al hilo de una conversación esquiva
y a veces tortuosa, libidinosa tal vez
con aquel que se acordaba de mis ancestros
y me mandaba a tomar por los lados consabidos,
libidinosa, entonces, por su parte, seguramente.

Ahora cuando lo contemplo en la distancia
y después de tantos años, y tantos lloros,
soy consciente de que lo pasé bien
con aquel artilugio siempre a mi oído
y sus voces, aunque a veces eran plañideras
más que amigos, compañeros más bien de fatiguitas,
y otras veces plañía yo mi pena.

Hoy que la vida me da el homenaje
de que por parada entiendo libre
de cadenas impuestas desde el mismo nacimiento mío.
Hoy que mi sofá resguarda mis inquietudes
y el mundo, a mi alrededor justo, es casi perfecto,
recuerdo muchas veces a aquellos hombres,
a los que alenté la paciencia y les rasqué como penitencia
parte de su salarió para agrandar el mío.
Era lo suyo, yo era la negociadora de su vida
y ellos en deuda justa me consentían
el aligeramiento de, a mano y a mi suerte, sus bolsillos.

Les alivié soledades, también, antes lo he contado,
y ellos aliviaron mi asfixia consabida.
Y aunque parezca que algo de Línea Extraña
Telefónica, se esconde en mi relato,
os aseguro que no era más que una administrativa
organizando a cien hombres, por mandato,
que se me desorganizaban por toda nuestra amplia geografía,
a los cuales debía darle noticias de su emplazamiento,
y cambiarlos de lugar, como meras fichas del juego de la oca.
A los que realmente, cara a cara, conocí a muy pocos,
pero muchas horas se me fue entre llamadas,
regalando simpatías y animadversiones,
y algunas que otra explicación, referente a don dinero,
que era de lo que se trataba, del salario.

Y ahora, desde la distancia y el tiempo
me vuelvo a las palabras de Quevedo,
que antes de escritor debió ser sabio.
"Solo el necio mancebo
que corona de flores la cabeza
es el que solo empieza
siempre a vivir de nuevo"
Y yo, como explica el literato,
muy a propósito, sí, debo tener algo de necia
cuando me desbarato buscando la empatía
que el mundo me regala, cuando quiere,
y bajo las normas de facebook yo las busco,
encantada entre señores y Evas,
que las tengo, y para mí son tan importantes.

Y volviendo a Quevedo
como magnífica fuente de poesía.
"En los sueños se canse el alma mía,
paso luchando a solas noche y día
con un trasgo que traigo entre mis brazos.
Cuando le quiero más ceñir con lazos
(a este Facebook recién descubierto
y no por eso menos atrapador)
y viendo mi sudor, se me desvía;
vuelvo con nueva fuerza a mi porfía"
(entre risas constantes y comentarios,
a este Facebook maravilloso,
y al me ajusto,
esperando no me traiga una adversa sorpresa).

Y volviendo al siempre eterno Quevedo
me ciño, como siempre a sus palabras.
Y os las dejo a vosotros
en mi empeño constante de compartirlas:
"no podemos olvidar a amigos distantes
aquellos que están en la punta de las ramas
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí, y se lleva un poco de nosotros.
Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrán de los que no nos dejarán nada.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida
y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.


A lo que yo añado resuelta,
no hay mejor lugar que donde se regale amistad,
entre criterios y posicionamientos,
y alguna foto bella, alucinante,
y esa frase perfecta que te estructura la mente y el alma