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jueves, 6 de noviembre de 2014

Gracias!! --

    Dice Cospedal que la democracia está en peligro. Entonces me entran unas ganas rabiosas de gritar y opto por escribirlo: abro el Word, mientras recuerdo que tengo a un paso el Facebook…   
    Entro entonces y me pongo tierna y se me olvida Cospedal, mientras os observo, detrás de cada cuadrito, escondidos, únicos pero diferentes, desconocidos, interesantes, enigmáticos, ausentes, simpáticos, íntegros, entrañables, queridos, dueños algunos, muchos, de parte de mi alma…
    Esa hermana con la que no comparto sangre, pero que es mi vida, mi paño de lágrimas, mi resquicio en el abismo para no despeñarme, tantas veces, Chari, tantas veces. A la que ando buscándole un novio que le haga feliz. Y sus hijas, mis niñas, Silvia y Marina, y Antonio y toda la familia política que genera este amor que nos tenemos, y su prima, Chari Fayos, que se deshace en megusta cada noche.
    Esa amiga que me salvó durante diez años, mi Pilar fue, en tiempos de esclavitud de horarios, esa mano amiga que me daba cada mañana una razón para seguir. Se suponía que yo era su jefa y, sin embargo, ella era mi red, era el motivo para reírme, y sí, Pilar, nos reímos tanto..., dándome fuerzas de trinchera para resistir...
    Mi amiga Tere, de la que también colecciono "sus bonitos", recuperada después de tantos años gracias a este Facebook fascinante. La vía hasta mi realidad cuando apenas tenía trece años, ella fue quien me presentó a mi marido  y fraguó, con ello, la mejor de mis suertes: mi caballero luchador contra la adversidad de mi ánimo.
     Mari Carmen, cómo no, fue la primera palabra de mi hijo "Mamen", le debo el aliviarme el dolor de tantas despedidas ante el ser que más quería en el mundo. Y su hija, Olga, que le encantan los peces, y es linda, alguien que se merece ser feliz.
    Merche Piorno. Uno de los mejores halagos lo leí tras tus palabras, cuando me comentabas lo especial que había sido leerme. Un encanto de niña, que, con el primer golpe de vista, te enamora, con esos ojos que hablan. Os lo juro.
    Sara, que decir de Sara, ella es el poder. Esa mujer que siempre soñé ser y que moriré en el intento. Qué me gusta compartir contigo nuestros megusta. Qué me gusta que te guste.
    Cómo no nombrar a mi Ziquitrake preferido, compartí infancia y adolescencia, pero nos separaban la edad y el criterio del que todavía carecíamos. Ahora, cuando ya no nos separa eso, ni tampoco la historia de amor que vivía yo en aquellos años cuando solamente tenía ojos para mirar a su hermano, el niño más lindo del mundo. El primo que más quise siempre, cuando, olvidado ese amor de infancia, nos moríamos de risa en las puertas del Pepe Padrino. Sin embargo, ahora he redescubierto a mi Ziquitrake, que se deja las huellas en sus megusta, y en la frase que me hizo, la otra mañana, sentirme más valiente ante el amanecer chocante que cada día me propone la vida. "Qué hermoso, prima, no dejes de regalarnos tus versos…." Supremo, primo, no estoy acostumbrada, lo sabes. Y os prometo muchos y muchos versos...
    Mi amiga Isabel no se puede quedar en el tintero, alguna que otra noche me he acostado leyendo el móvil, que ha sonado de improviso, y he leído "Qué bonito, amiga" entonces me duermo con ese sabor dulce en mi boca. Y además me sopla las tantas faltas  a las que, mi no diagnosticada dislexia, me somete. Gracias, Isabel, la persona más generosa que conozco "For President" Te quiero.
    Después llueven encuentros, Juan Rebollo es mi contrapunto, qué le vamos a hacer, pero nos unen 50 años de vida. Y mi Paloma mensajera que siempre me recuerda que en Madrid vive gente a la que quiero. Y Gloria, con la que tengo una fin de semana pendiente para hablar de mi novela. Ana, con quien compartí algunos ratos nocturnos a mis diecisiete años, en alguna que otra discoteca, que adorna las madrugadas con sus megusta. Tú y tus zapatos, esos que nos hacen sentirnos poderosas a los cincuenta. Y un besito para Lali, que se ve que es un encanto.
     Con Mariano y Maika reviví mi adolescencia, a los treinta y cuatro años, dejándome las suelas de los zapatos por las pistas de Huelva, Chapó. Esos años ya nunca volverán, pero ustedes no lo sabíais.
    Y  que decir de mi hijo, Adrián, no conozco a nadie que tenga en su perfil una foto con su madre. Es el primero que se entera de mis problemas y el que corrige, cosa importante, cuando puede, lo que voy escribiendo, el que se pone las manos en la cabeza cuando descubre mis patinazos ortográficos, pero no se amedrenta ante mi manera de juzgarme, aliviándome siempre.
     Y su amigo Pablo, un niño lindo, al que también le regalo poemas, jajaja. Él sabe por qué me río.  
      Esas niñas, mis vecinas, a las que en un momento de mi vida, eran mi cotidianidad y parte de la infancia de mis hijos. Siempre un rinconcito para ellas en mi corazón, hicieron muy felices a mis niños. Compañeras inseparable en sus juegos. Un beso siempre.
       Y Egary, como representante de esas niñas que se quedaron en el camino pero que siempre estarán ahí, de la que disfruto sus fotos y sus comidas, uhnnnnnnn.
       
    Pulso el Facebook y entonces me encuentro un semáforo extraordinario de megusta, tropecientos megusta que me acompañan; algunos comentarios, unos, con los que estás de acuerdo, no todos, otros que te sacan una sonrisa.
      Y después, los siempre poderosos elogios maravillosos a los que no sé qué contestar, porque realmente no existe ninguna poeta, solamente los observo desde la mirada de una aprendiz de druida, de escritora, que primero sonríe... y después le cuesta asumirlos, siendo consciente de que escribo gracias a mis trovadores extraordinarios y a esas musas, locas de remate, que viven pululando en mi sienes y algunas veces se pasean dando toquecitos a mi corazón, incluso sin pasar por mi cabeza, cuando me desnudo, de golpe, frente a este prosaico teclado en el que se esconde la manera perfecta con que colocar las palabras, hasta dar forma a esa frase ante la que claudica mi sensibilidad. Entonces comprendo que fueron ellos los que manejan mis dedos… y es cuando agarro los halagos y los prendo en mi pelo…
     Y cómo no hacer mención a estos amigos nuevos a los que regalos poemas. Justo, mi sembrador de estrellas, un señor elegante, que cuando me llama amiga, me llena con toda su ternura, su integridad y su criterio. El hizo de pasarela hasta Cristina, a la que una noche le regale "Una Sonrisa"; contacté con ella en un sabio debate que nos propuso Justo, sobre la Felicidad, hermosa palabra… 
     Y qué decir del guerrillero, un pelín revolucionario, que se esconde tras el macroeconomista que es, y que se resigna a leerme, aunque le proponga un buen tocho. Con el que comparto ideas, y fotos y fotos de Gaza, esas que nos corroen los ojos, mientras que buscamos respuestas que no existen para tanto dolor y tanta falta de lógica en este endiablado mundo nuestro. Me retroalimenta con elogios que me dejan sin palabras. Carlos, no te engañes,  son ellas, las musas, las culpables de esta sensibilidad que a veces me ahoga.
       Y Manuel, Isabel, Jorge, Gonzalo, Jrmi Mi, que también están ahí; Sheila, con quien me río de vez en cuando, y Cinta, con los que me cruzo continuamente, y Antonio, quien también piropea mis poemas, y al que le busco novia; él me llama "Choquera" fue mi contestación a su pregunta y me cambió el nombre, con to el arte.
     El nombre de Ana, que realmente es la consecuencia de mi búsqueda de la belleza de entre todas las cientos de posibilidades que existen de llamarse, yo elegí la mía. Sé, desde el centro de mi centro, que debí llamarme Ana.
     Gracias a todos.
     No se trata, ni mucho menos, de una despedida, es un suma y sigue, sólo que necesitaba daros las gracias por aliviarme, de esta manera maravillosa, esos dos meses tan complicados, por llamarlos de alguna manera, donde los derechos de los españoles, al mismo tiempo que los de mi marido y por ende, los de mi familia, se precipitan hasta la indignidad. Mientras que vosotros, todos, me hacéis sentirme cada vez más rica. 
   Soy rica en empatía y emociones, y entonces presiento que es posible, rozar, saborear, saber, al menos, que existe, esa felicidad que Justo nos proponía tan inteligentemente.