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domingo, 30 de noviembre de 2014

Cada verano de cada primavera, en los otoños de los inviernos que manejo -

Y yo desisto de esta desidia mía
que me acumula estragos en el pecho,
que entre almohadones  y ninfas desabridas,
me hundo en el foame tierno que me impone
el régimen cómodo de mi sofá.

Y lo siento, pero esta tarde haré limpieza urgente
y por el balcón volaran los cojines,
el pijama, la mantita agradable que me abriga,
y las sillas, y los libros
y el tiempo que he perdido esperando respuestas,
para vivir abriendo las ventanas
que produzcan el cambio conveniente
y me renovaré y seré otra nueva pasajera,
peinándome lisamente mi pelo,
pintándome las uñas como antes
y deslizándome suave por el suelo
para que nadie presienta que soy aprendiz de navegante,
que he vivido de las letras,
que manipulo, atrapo, y aderezo,
como el más eficaz de los brebajes,
y luego paladeo como el mejor de los licores.

Entonces me maquillaré de rojo mis mejillas
y nadie sospechará que es una sombra mía la que navega,
por los espacios contrapuestos
del mundo este que se presta, 
teniéndome una mano a la intención
y creciéndome a ratos casi entera de discursos y risas,
cuando me hago un traje y me visto de fiesta.

Porque hoy tiraré por el balcón hasta la tinta
que utiliza y engalana mis poemas y mis lienzos
y los escaparates infinitos del cometa
donde me prendo ansiosa cada verano de cada primavera,
en los otoños de los inviernos que manejo.

Y volaran desde mi balcón las amapolas
esas que tiñeron de negro la esperanza,
y será entonces el momento de vivir otra vez
entre las flores de la luz de la calle y las aceras
amplias que me ofrece la vida,
como un calendario siempre permanente.

Y volaran eternas las semillas del tono de mi risa…