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domingo, 30 de noviembre de 2014

Cada verano de cada primavera, en los otoños de los inviernos que manejo -

Y yo desisto de esta desidia mía
que me acumula estragos en el pecho,
que entre almohadones  y ninfas desabridas,
me hundo en el foame tierno que me impone
el régimen cómodo de mi sofá.

Y lo siento, pero esta tarde haré limpieza urgente
y por el balcón volaran los cojines,
el pijama, la mantita agradable que me abriga,
y las sillas, y los libros
y el tiempo que he perdido esperando respuestas,
para vivir abriendo las ventanas
que produzcan el cambio conveniente
y me renovaré y seré otra nueva pasajera,
peinándome lisamente mi pelo,
pintándome las uñas como antes
y deslizándome suave por el suelo
para que nadie presienta que soy aprendiz de navegante,
que he vivido de las letras,
que manipulo, atrapo, y aderezo,
como el más eficaz de los brebajes,
y luego paladeo como el mejor de los licores.

Entonces me maquillaré de rojo mis mejillas
y nadie sospechará que es una sombra mía la que navega,
por los espacios contrapuestos
del mundo este que se presta, 
teniéndome una mano a la intención
y creciéndome a ratos casi entera de discursos y risas,
cuando me hago un traje y me visto de fiesta.

Porque hoy tiraré por el balcón hasta la tinta
que utiliza y engalana mis poemas y mis lienzos
y los escaparates infinitos del cometa
donde me prendo ansiosa cada verano de cada primavera,
en los otoños de los inviernos que manejo.

Y volaran desde mi balcón las amapolas
esas que tiñeron de negro la esperanza,
y será entonces el momento de vivir otra vez
entre las flores de la luz de la calle y las aceras
amplias que me ofrece la vida,
como un calendario siempre permanente.

Y volaran eternas las semillas del tono de mi risa…


sábado, 29 de noviembre de 2014

No soy más que un puñado de hojas… *


deja en el parabrisas de mi coche
un mensaje de hojas, el otoño.
Incapaz de tocar una sola de ellas
porque entonces dejaría sin esencia mi vehículo.

No soy nadie sin el rubor del viento
que me sopla al oído
sin las musas que todo me lo cuentan
no soy nadie sin las palabras justas
sin la coordinación de la equivalencia
que hace del cálculo el resultado exacto
en cada uno de mis versos.

No soy yo, ni mi nombre ni mi hacienda
nada tengo, ni poseo, ni centro mi deseo
si mi sangre deja de ser tinta.

No soy más que una danza intensa, y compulsiva
sobre un teclado oscuro y sistemático
que me oxigena, que me alimenta y me obliga
al mayor placer de la palabra.

No soy más que un puñado de hojas…









































domingo, 23 de noviembre de 2014

Manejando los hilos tangibles de la luna… --

Rompería mil universos
secuestraría cometas
desbarataría bigbanes
haría desaparecer a las estrellas
robaría al cielo su espectacular belleza
manejando los hilos tangibles de la luna
esos que se envanecen cuando se mira
en el azul oscuro del mar en la noche.

Rompería mil universos
por volver a tener la oportunidad
de empezar de nuevo, de empezar
a fabricar este supuesto paraíso
conteniendo, con el más perseverante ahínco
la inconveniente evolución
la que nos separa y marca
de las demás especies del planeta.

Y no pasar nunca de animal a deshumanizado
y no necesitar más que la luz, el abrigo
el sol, el viento, las olas, el camino
el caudal del agua de la fuente
el amor, la tenacidad, el objetivo
el compromiso del eficaz equilibrio
aún destruyendo a un tiempo la palabra
si con ello nos salva de este desequilibrio.

El alimento vital e imprescindible
como vía lógica de supervivencia
en la medida y el justo reparto, siempre
donde no falte nunca la Justicia.

Sin obviar el arrope incondicional del amigo
ese que te guía, que se deja la piel
que te acompaña incondicional a miles de viajes
que se rompe hasta el alma si se lo pides
ese animal generoso y valiente
que daría su vida por tu vida
que se arremolina a tus pies
que te mira con ese amor absoluto
que sabe amar de la manera más humana posible.

Ese animal que debimos ser
que no debimos rebasar nunca
sobrepasándolo para adornar de caos y de miseria
y de dolor y de rabia y de impotencia
la foto arbitraria de la que es protagonista el mundo

Manejando los hilos tangibles de la luna…




viernes, 21 de noviembre de 2014

Eres..., el vuelo alto, volando a ras…, soñando pienso… y es realidad… Eres… --

Quiero volar muy alto mientras duermo
para volar más alto si despierto
cuando soy consciente de que me abrazas
y mi vuelo se esparce entre las sábanas
y sigo siendo vuelo en tus palabras
susurradas a sones en mi oídos
y en tus besos, mi amor, cuando me amas 
y sucumbes al abismo de mi boca
sucumbes a los cantos de sirena que invento para ti
y entonces, sin cadenas, te ato a mi cintura
y te amarro a mis trenzas despeinadas
a mi perfiles y a mi retos
muriendo bajo tu influjo.

Vuelo entonces, en tu mañana
vuelo en tu tarde, en tus cielos amplios y despejados
y en tus cielos grises y tristes
y malhumorados, si hace falta.

Vuelo justo desde donde empieza
y acaba tu vuelo,
tu recorrido eterno por mis ojos.
Vuelo en las risas que me regalas
y vuelo en los desayunos maravillosos
frente a una simple taza de café
que en ese momento es todo un paraíso.

Vuelo con alas nuevas
cada vez que me miras
necesitando siempre tus besos
esos que prenden alas a mi deseo
y me hacen volar tan alto,
y me hacen rozar el cielo
y me hacen sentirme feliz
a segundos enteros, a intermedios
a secuencias, a ratos, a momentos
a trozos de sueño que desgarro
de esta realidad aplastante que me mata.

Porque tú eres mi prendedor de momentos mágicos,
mi pirata, mi príncipe, mi tejedor de herramientas,
las que se hacen, como encajes, en el alma,
eres mi medicina, mi música importante,
mi trovador de leyendas, de historias, mi analgésico,
el rumbo completamente loco en medio de esa cordura tuya.

Mi inventor de ensoñaciones en las que me sumerges
mi embaucador de días y mi amante en esas noches
que pintas, entusiasta, en pleno mediodía.

Eres... el vuelo alto volando a ras...
soñando siento que es realidad, 
tú eres...


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Las flores de la cadena de la felicidad --

Pasan los soles, y los truenos
los escaparates uno a uno
se encienden y se apagan los semáforos
inoportunos e inciertos como los ojos de gato

y arrancas el vehículo
siempre con el horario desbordado,
engañando a la prisa, como loca
rompiendo el equilibrio, y las noticias…
que no quiero pensar en las noticias.

Se escapan los días como en un laberinto
buscando siempre, andando voy,
la puerta de salida
pero entre tanto caos y tanta arritmia
a veces, no hay nada más grato
que el mensaje del amigo,
la frase que te anima, el comentario agradable
bajo las flores que le pediste esperanzada
de que continuara la cadena de la felicidad.

Y ese enlace que ha subido que lleva mi nombre
un detallazo para una aprendiz de poeta.

Pasaran las horas, las semanas, los años
pero en un momento dado de mi vida
en un instante cualquiera recordaré
que una vez se cruzó alguien
que me hizo sonreír,
aunque solo fuera un segundo entero.


Esa odisea *

EN el reflejo del agua se esconde lo esotérico
lo mitológico, lo antiguo, que el mar balancea
sobre las teclas de un piano azul verdoso

azul irisado a celeste prodigioso
cuando en el fondo del mar
Poseidón me guarda el mensaje,
el comentario, las risas y el adobe
necesario para quedarme abordo del velero.

Ese reflejo azul donde nace
y mueres los sueños.
Es cuando Eolo, importante,
mece los cúmulos  
que enturbian los espejos
 y rompen el sueño  
 en los silencios y en las treguas.
Mi Hermes preferido
me recompone a besos, a caricias
a guiños y a whatsapp que me hacen reír
y vuelve el espejismo
a tomar el cuerpo deseado.
 

Mientras Perséfone
se cae de vez en cuando en los infiernos
asumiendo que Hades la somete
y ella se resiste y navega  
por esas primaveras que existen
en el vértice prometido
en las puntas de las ramas
de los árboles del mar,
olvidándose de las nubes
que todo lo ennegrecen.



miércoles, 12 de noviembre de 2014

Mi amigo Quevedo me echa un cable --

Hoy voy a dar la vuelta a mi escopeta
para tirar al aire, o adonde fuere necesario
para defenderme, cual molinera,
que aun, embadurnada en polvo,
y bien espolvoreada, donde la harina
nunca llegó a profanar
ni un encaje, ni una puntilla
que han lucido, inmaculadas,
siempre en mis partes pudendas.
Al menos que yo fuera consciente, que esa es otra.

Es mi amigo Quevedo que me empuja
enredada por siempre en sus sonetos, yo os prometo
que haré el retrato de esta antigua escritora
(por no decir vieja, que la palabra molesta mucho).
Aprendiz de todo y sabia en nada
impaciente, imaginativa, y nada holgazana
que con un libro se quita las penas y se tiñe las canas,
La siempre olisqueadora de rincones nuevos
de los que desaparece al primer cuarto de vuelta.

Sin más dilación ni inconvenientes
paso a narrar la vida mía,
que aunque me la pasé entre caballeros,
hacendosos ellos, manitas, carpinteros,
no Jesures, más bien  plebeyos y buscavidas,
que es con quienes me siento mucho más cómoda.
Equilibristas de ellos mismos,
entre soledades amplias y mucho trabajo por hacer,
que después de cientos de horas trabajadas
no tenían una casa a la que volver,
más que tremendas distancias
y el desconcierto mismo
en navidades dolientes y abatidas.
Mi voz en off, a algunos, supongo,
les debió servir de arbotante
de contrafuerte y estribo.

No tengáis mala sangre y me seáis mal pensados.
Dejar proseguir a la narrante:

Erase un teléfono a una mujer pegada,
muchas horas al día, por penitencia,
algo debió hacer la pobre mía, (en otra vida)
para llevar el artefacto al oído todo el día
sin gustarle siquiera,
más que mirar a la gente cara a cara,
entonces me impusieron un teléfono.

Y volaron los años como locos
sobre la banda mía que transportaba,
por el aire mis palabras,
y como dijo Quevedo en algún
trazo de un soneto, para nada olvidado,
"a fugitivas sombras daba abrazos",
más jamás se me dio un caballero por confundido
y eso que en el menester volaron treinta años.

Yo, que despotricaba de mi suerte,
toda la vida al hilo de una conversación esquiva
y a veces tortuosa, libidinosa tal vez
con aquel que se acordaba de mis ancestros
y me mandaba a tomar por los lados consabidos,
libidinosa, entonces, por su parte, seguramente.

Ahora cuando lo contemplo en la distancia
y después de tantos años, y tantos lloros,
soy consciente de que lo pasé bien
con aquel artilugio siempre a mi oído
y sus voces, aunque a veces eran plañideras
más que amigos, compañeros más bien de fatiguitas,
y otras veces plañía yo mi pena.

Hoy que la vida me da el homenaje
de que por parada entiendo libre
de cadenas impuestas desde el mismo nacimiento mío.
Hoy que mi sofá resguarda mis inquietudes
y el mundo, a mi alrededor justo, es casi perfecto,
recuerdo muchas veces a aquellos hombres,
a los que alenté la paciencia y les rasqué como penitencia
parte de su salarió para agrandar el mío.
Era lo suyo, yo era la negociadora de su vida
y ellos en deuda justa me consentían
el aligeramiento de, a mano y a mi suerte, sus bolsillos.

Les alivié soledades, también, antes lo he contado,
y ellos aliviaron mi asfixia consabida.
Y aunque parezca que algo de Línea Extraña
Telefónica, se esconde en mi relato,
os aseguro que no era más que una administrativa
organizando a cien hombres, por mandato,
que se me desorganizaban por toda nuestra amplia geografía,
a los cuales debía darle noticias de su emplazamiento,
y cambiarlos de lugar, como meras fichas del juego de la oca.
A los que realmente, cara a cara, conocí a muy pocos,
pero muchas horas se me fue entre llamadas,
regalando simpatías y animadversiones,
y algunas que otra explicación, referente a don dinero,
que era de lo que se trataba, del salario.

Y ahora, desde la distancia y el tiempo
me vuelvo a las palabras de Quevedo,
que antes de escritor debió ser sabio.
"Solo el necio mancebo
que corona de flores la cabeza
es el que solo empieza
siempre a vivir de nuevo"
Y yo, como explica el literato,
muy a propósito, sí, debo tener algo de necia
cuando me desbarato buscando la empatía
que el mundo me regala, cuando quiere,
y bajo las normas de facebook yo las busco,
encantada entre señores y Evas,
que las tengo, y para mí son tan importantes.

Y volviendo a Quevedo
como magnífica fuente de poesía.
"En los sueños se canse el alma mía,
paso luchando a solas noche y día
con un trasgo que traigo entre mis brazos.
Cuando le quiero más ceñir con lazos
(a este Facebook recién descubierto
y no por eso menos atrapador)
y viendo mi sudor, se me desvía;
vuelvo con nueva fuerza a mi porfía"
(entre risas constantes y comentarios,
a este Facebook maravilloso,
y al me ajusto,
esperando no me traiga una adversa sorpresa).

Y volviendo al siempre eterno Quevedo
me ciño, como siempre a sus palabras.
Y os las dejo a vosotros
en mi empeño constante de compartirlas:
"no podemos olvidar a amigos distantes
aquellos que están en la punta de las ramas
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí, y se lleva un poco de nosotros.
Habrá los que se llevarán mucho,
pero no habrán de los que no nos dejarán nada.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida
y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.


A lo que yo añado resuelta,
no hay mejor lugar que donde se regale amistad,
entre criterios y posicionamientos,
y alguna foto bella, alucinante,
y esa frase perfecta que te estructura la mente y el alma





















martes, 11 de noviembre de 2014

Una lluvia de risas frente al Facebook --

¿Quién soy? una ola, fugada del mar, para saborear la mieles de las redes donde se siente envuelta, una sirena con cantos de poemas, con cantos de verdades envueltas en perfume de ondas, esas que desaparecen cuando se sumerge en el mar de vida, en esa continuidad que me mata y me oxigena al mismo tiempo.
¿Quién soy? un caleidoscopio de piezas perfectas donde igual encuentras maravillas, pero si lo sueltas, se desgaja y pierde la forma, el concepto y el prisma, y entonces todo desaparece.
¿Quién soy? un voz en off que desgarra un poema a cachos, una brisa suave a tu oído que te tranquiliza con ideas comprimidas en frases engañosas, un espejo ajeno que muestras las mil caras de las amapolas. Solamente soy esa espuma que nunca me alimento del espacio, porque si me acaricias se modifica mi alma; esa que se muere a gritos silenciosos.
¿Quién soy? una carreta por el camino, a la deriva de la vida misma, esta vida que debió ser aire, como a las mariposas, que debió ser mar, ser caracolas con susurros de agua… Debió ser papel y tinta, mi sangre, y quedarse siempre oculta en un poema, y evitar entonces esta vida loca que me malea; esta sangre eterna y el miedo ausente que siempre está presente como una constante y antigua letanía.
¿Quién soy? un puñado de letras que alimentan mi espíritu, una puñado de recuerdos, un presente de trinchera y una poesía a la que intento darle la vida suficiente.
¿Quién soy? Una lluvia de risas frente a mi portátil, una lluvia cálida, una lluvia intensa y paradójicamente inexistente, una amiga ausente y presente como el mismo miedo.
Pero qué bonito y gratificante cuando solamente soy lluvia de risas...


jueves, 6 de noviembre de 2014

Gracias!! --

    Dice Cospedal que la democracia está en peligro. Entonces me entran unas ganas rabiosas de gritar y opto por escribirlo: abro el Word, mientras recuerdo que tengo a un paso el Facebook…   
    Entro entonces y me pongo tierna y se me olvida Cospedal, mientras os observo, detrás de cada cuadrito, escondidos, únicos pero diferentes, desconocidos, interesantes, enigmáticos, ausentes, simpáticos, íntegros, entrañables, queridos, dueños algunos, muchos, de parte de mi alma…
    Esa hermana con la que no comparto sangre, pero que es mi vida, mi paño de lágrimas, mi resquicio en el abismo para no despeñarme, tantas veces, Chari, tantas veces. A la que ando buscándole un novio que le haga feliz. Y sus hijas, mis niñas, Silvia y Marina, y Antonio y toda la familia política que genera este amor que nos tenemos, y su prima, Chari Fayos, que se deshace en megusta cada noche.
    Esa amiga que me salvó durante diez años, mi Pilar fue, en tiempos de esclavitud de horarios, esa mano amiga que me daba cada mañana una razón para seguir. Se suponía que yo era su jefa y, sin embargo, ella era mi red, era el motivo para reírme, y sí, Pilar, nos reímos tanto..., dándome fuerzas de trinchera para resistir...
    Mi amiga Tere, de la que también colecciono "sus bonitos", recuperada después de tantos años gracias a este Facebook fascinante. La vía hasta mi realidad cuando apenas tenía trece años, ella fue quien me presentó a mi marido  y fraguó, con ello, la mejor de mis suertes: mi caballero luchador contra la adversidad de mi ánimo.
     Mari Carmen, cómo no, fue la primera palabra de mi hijo "Mamen", le debo el aliviarme el dolor de tantas despedidas ante el ser que más quería en el mundo. Y su hija, Olga, que le encantan los peces, y es linda, alguien que se merece ser feliz.
    Merche Piorno. Uno de los mejores halagos lo leí tras tus palabras, cuando me comentabas lo especial que había sido leerme. Un encanto de niña, que, con el primer golpe de vista, te enamora, con esos ojos que hablan. Os lo juro.
    Sara, que decir de Sara, ella es el poder. Esa mujer que siempre soñé ser y que moriré en el intento. Qué me gusta compartir contigo nuestros megusta. Qué me gusta que te guste.
    Cómo no nombrar a mi Ziquitrake preferido, compartí infancia y adolescencia, pero nos separaban la edad y el criterio del que todavía carecíamos. Ahora, cuando ya no nos separa eso, ni tampoco la historia de amor que vivía yo en aquellos años cuando solamente tenía ojos para mirar a su hermano, el niño más lindo del mundo. El primo que más quise siempre, cuando, olvidado ese amor de infancia, nos moríamos de risa en las puertas del Pepe Padrino. Sin embargo, ahora he redescubierto a mi Ziquitrake, que se deja las huellas en sus megusta, y en la frase que me hizo, la otra mañana, sentirme más valiente ante el amanecer chocante que cada día me propone la vida. "Qué hermoso, prima, no dejes de regalarnos tus versos…." Supremo, primo, no estoy acostumbrada, lo sabes. Y os prometo muchos y muchos versos...
    Mi amiga Isabel no se puede quedar en el tintero, alguna que otra noche me he acostado leyendo el móvil, que ha sonado de improviso, y he leído "Qué bonito, amiga" entonces me duermo con ese sabor dulce en mi boca. Y además me sopla las tantas faltas  a las que, mi no diagnosticada dislexia, me somete. Gracias, Isabel, la persona más generosa que conozco "For President" Te quiero.
    Después llueven encuentros, Juan Rebollo es mi contrapunto, qué le vamos a hacer, pero nos unen 50 años de vida. Y mi Paloma mensajera que siempre me recuerda que en Madrid vive gente a la que quiero. Y Gloria, con la que tengo una fin de semana pendiente para hablar de mi novela. Ana, con quien compartí algunos ratos nocturnos a mis diecisiete años, en alguna que otra discoteca, que adorna las madrugadas con sus megusta. Tú y tus zapatos, esos que nos hacen sentirnos poderosas a los cincuenta. Y un besito para Lali, que se ve que es un encanto.
     Con Mariano y Maika reviví mi adolescencia, a los treinta y cuatro años, dejándome las suelas de los zapatos por las pistas de Huelva, Chapó. Esos años ya nunca volverán, pero ustedes no lo sabíais.
    Y  que decir de mi hijo, Adrián, no conozco a nadie que tenga en su perfil una foto con su madre. Es el primero que se entera de mis problemas y el que corrige, cosa importante, cuando puede, lo que voy escribiendo, el que se pone las manos en la cabeza cuando descubre mis patinazos ortográficos, pero no se amedrenta ante mi manera de juzgarme, aliviándome siempre.
     Y su amigo Pablo, un niño lindo, al que también le regalo poemas, jajaja. Él sabe por qué me río.  
      Esas niñas, mis vecinas, a las que en un momento de mi vida, eran mi cotidianidad y parte de la infancia de mis hijos. Siempre un rinconcito para ellas en mi corazón, hicieron muy felices a mis niños. Compañeras inseparable en sus juegos. Un beso siempre.
       Y Egary, como representante de esas niñas que se quedaron en el camino pero que siempre estarán ahí, de la que disfruto sus fotos y sus comidas, uhnnnnnnn.
       
    Pulso el Facebook y entonces me encuentro un semáforo extraordinario de megusta, tropecientos megusta que me acompañan; algunos comentarios, unos, con los que estás de acuerdo, no todos, otros que te sacan una sonrisa.
      Y después, los siempre poderosos elogios maravillosos a los que no sé qué contestar, porque realmente no existe ninguna poeta, solamente los observo desde la mirada de una aprendiz de druida, de escritora, que primero sonríe... y después le cuesta asumirlos, siendo consciente de que escribo gracias a mis trovadores extraordinarios y a esas musas, locas de remate, que viven pululando en mi sienes y algunas veces se pasean dando toquecitos a mi corazón, incluso sin pasar por mi cabeza, cuando me desnudo, de golpe, frente a este prosaico teclado en el que se esconde la manera perfecta con que colocar las palabras, hasta dar forma a esa frase ante la que claudica mi sensibilidad. Entonces comprendo que fueron ellos los que manejan mis dedos… y es cuando agarro los halagos y los prendo en mi pelo…
     Y cómo no hacer mención a estos amigos nuevos a los que regalos poemas. Justo, mi sembrador de estrellas, un señor elegante, que cuando me llama amiga, me llena con toda su ternura, su integridad y su criterio. El hizo de pasarela hasta Cristina, a la que una noche le regale "Una Sonrisa"; contacté con ella en un sabio debate que nos propuso Justo, sobre la Felicidad, hermosa palabra… 
     Y qué decir del guerrillero, un pelín revolucionario, que se esconde tras el macroeconomista que es, y que se resigna a leerme, aunque le proponga un buen tocho. Con el que comparto ideas, y fotos y fotos de Gaza, esas que nos corroen los ojos, mientras que buscamos respuestas que no existen para tanto dolor y tanta falta de lógica en este endiablado mundo nuestro. Me retroalimenta con elogios que me dejan sin palabras. Carlos, no te engañes,  son ellas, las musas, las culpables de esta sensibilidad que a veces me ahoga.
       Y Manuel, Isabel, Jorge, Gonzalo, Jrmi Mi, que también están ahí; Sheila, con quien me río de vez en cuando, y Cinta, con los que me cruzo continuamente, y Antonio, quien también piropea mis poemas, y al que le busco novia; él me llama "Choquera" fue mi contestación a su pregunta y me cambió el nombre, con to el arte.
     El nombre de Ana, que realmente es la consecuencia de mi búsqueda de la belleza de entre todas las cientos de posibilidades que existen de llamarse, yo elegí la mía. Sé, desde el centro de mi centro, que debí llamarme Ana.
     Gracias a todos.
     No se trata, ni mucho menos, de una despedida, es un suma y sigue, sólo que necesitaba daros las gracias por aliviarme, de esta manera maravillosa, esos dos meses tan complicados, por llamarlos de alguna manera, donde los derechos de los españoles, al mismo tiempo que los de mi marido y por ende, los de mi familia, se precipitan hasta la indignidad. Mientras que vosotros, todos, me hacéis sentirme cada vez más rica. 
   Soy rica en empatía y emociones, y entonces presiento que es posible, rozar, saborear, saber, al menos, que existe, esa felicidad que Justo nos proponía tan inteligentemente.  

miércoles, 5 de noviembre de 2014

No me digas, amor, que no es posible... --

No me digas, amor, que no es posible
no quiero escucharlo de tus labios.

Haré una eternidad de mi sentida necesidad
del siempre eterno sueño
el espejismo que nace en mi alma
y me esconderé en el refugio
del improvisado paraíso que me prometiste
entre pedazos de poemas de cristales rotos
cuando el aire no me fuera suficiente…

Volar siempre… alto… entre silencios, y
esa música que no deja de sonar nunca
cuando nos arrancamos el deseo
dejándonos caer sobre una nube de besos
mientras el mundo se queda dormido
un instante sólo, dudando si volver.

No me digas, amor, 
que no es posible amarnos hasta después de irnos
para después de irnos seguir amándonos…

Pero, qué más da, qué importa nada.
Nosotros inventaremos nuestro propio tiempo.
Nuestra esfera celeste, única, sólo necesitamos
un pequeño rincón con una aurora boreal
que nos seduzca. Una montaña de sentimientos
y una ilusión, y  nos inventaremos esa media luna
para perdernos a la sombra de la luna misma.

No me lo digas, que no quiero escucharlo

No, no es verdad
que un día se acabará el recorrido de tus manos,
que ya no nos perderemos, locos, entre las sábanas
para soñar un poco con lo infinito,
para volar, perdidos, en el margen suave
que nos ofrece las páginas de este libro inconcluso.
Y tus manos que no acaben nunca de acariciarme
de acariciarnos, los dos, tú y yo, siempre
y tu mirada atravesando mis gemidos
mientras mis labios te tatúan mi deseo.

No me digas, amor,
porque no puedo soportarlo.

Ahora que estamos frente a frente
y me miras con usura
ahora que aún estamos a tiempo de vivir
bésame como si fuera el último beso
y muérdeme los labios, que son tuyos
y templa mi sonrisa, engañándome
y tómame con descaro e insolencia
y cuéntame al oído que esto nuestro será infinito
y tu mirada ansiosa, infinito tu amor
en mi presencia de un todo infinito.

Y volar… alto… entre silencios
hasta que deje de sonar la música.







Nunca confíes en un poeta: juegan con la verdad al escondite y la manejan como marionetas, para dejarlas luego en su particular cajón de sastre. -

Cuando la vida no es suficiente,
cuando el aire me aprieta la garganta,
cuando no fluyen las rosas
y subo a tope el sonido de la música
aunque me estallen los oídos
porque recorren culebras por mis ojos.

Cuando todo no es más que espinas entre fotografías
que me golpean, y momentos que sangran
en otros las heridas que me salpican las manos,
rompiendo el jardín de colores en tonos agrios,
que redescubren, ácidas, las flores azabaches
que se esconden en las páginas del periódico.

Y resisto, en un intento loco de supervivencia,
intentando salir indemne del laberinto,
arrancando al cielo un jirón de su celeste vivo,
en el último momento, mientras yo muero.

Muero,
porque el suelo desaparece bajo mis pies,
no existe, dudando, ciertamente, si existió
y todo se reviste de verdad entre mentiras,
de mentiras entre verdades que se esconden.
Hipocresía en el mundo y en mi cara
de disfraces que pintan sonrisas que nunca lo son,
que realmente nunca lo fueron.

¡Todo es mentira cuando el mundo desaparece,
cuando te mueres por que desaparezca,
entre suspiros de responsabilidad a los que te aferras,
cuando la vida se descubre sin tapujos,
cuando sólo encuentras gris entre las palabras
y sólo quedan grises en las letras,
escondidas en las frases que envidias,
de donde ya no emerge el plata auténtico!

Todo se desmorona, se deshoja como una flor antigua,
cuando el peso es mayor que lo etéreo del alma,
entonces, cuando el aire me aprieta la garganta
y no me convencen las excusas ni los rincones cálidos,
ni los rincones cálidos siquiera,
entonces, cuando la vida no es suficiente,
y nada tiene sentido,
entonces lloro desesperadamente,
lloro y llorando vuelvo a sonreírme,
intentando no morirme de pronto
con la más leve brisa...