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jueves, 25 de septiembre de 2014

Pasaron los días... * --

 Pasaron los días golosos de la adolescencia de mis propios hijos. Se fue la ingenuidad de los niños revoloteando en torno a mí, se durmieron sus risas, y sus palabras mal pronunciadas; sus preguntas y esa forma de mirarme pensando que yo sabía todas las respuestas. Se volatilizaron sus caricias, esas que necesitaban para sobrevivir. Se quedaron los errores y los daños, seguramente. Los sueños se perdieron con los años como flores marchitas, y espero que el regusto de sus pétalos se quedaran en la nube etérea del recuerdo.
  No sé lo que hice bien, no sé lo que hice mal. Ahora es tarde cuando les miro y no sé…, solamente puedo encauzar esta barca, moviendo, con la fuerza que me queda, moviendo los remos no sé hacia dónde. Nunca lo sé.
  Sólo sé que los quise con todo el alma, que me dejé la piel y mi libertad, arropando sus instantes y riéndome en sus risas.
  Sólo sé que fui, durante veinte años, madre y que ahora, igual, soy un poco esa amiga…, que a ratos me llenan con sus confidencias, que me nutro al verlos tan hombres, tan..., que lo son… aquello que soñé.
  Sólo sé que ante un gracias, de sus labios, me siento fuerte, compensada y querida, o cuando hablan conmigo de cualquier cosa.
  Sólo sé que me moriré queriéndolos y anteponiéndolos a mis ansias, o a mis locuras. o a los jardines de hierba fresca que la vida me siga proponiendo, siendo siempre madre.
  Sólo sé que me enamoré un día de sus caritas, esas que ya no existen, pero que nunca podré olvidar.
  Sólo sé que rebuscando entre viejas fotografías, se les ve muy felices…
  Sólo sé que volvería a darles mi vida… una y otra vez.
  Que sin ellos no hay sentido, ni lógica, todo sería imperfecto, irracional y opaco. Triste.    
  Si un día fueron la razón por la que vivir, hoy son la razón por la que soñar con un sueño.
  Sólo sé que les quiero, les quiero mucho.