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miércoles, 17 de septiembre de 2014

El enigma de Colón y los descubrimientos de América --

    Comentar un libro de D. Juan Eslava Galán siempre es un placer. Es un escritor que te impregna de criterio y posicionamiento, consiguiendo que la historia dance tangible, fabricando el escenario necesario para revivirla desde la mirada diestra de un hombre lúcido.
    Añadí su libro: "EL ENIGMA DE COLÓN Y LOS DESCUBRIMIENTOS DE AMÉRICA", al carrito, en cuanto lo descubrí. Estaba buscando libros relacionados con este tan vapuleado tema. Como onubense cansada de que la figura de Colón se magnifique, me interesaba mucho saber la opinión de este autor. Y sí, me hizo reflexionar, calmarme, diría yo. No soporto que, para grandeza de esta Huelva que tiene tantas riquezas: luz, sol, arena y esa línea azul del horizonte, preludio de una paz que te envuelve; un rincón maravilloso donde dejarse embaucar por el clima y los exquisitos platos que propone nuestra gastronomía, insistamos en ensalzar a un personaje que era cruel, interesado, inhumano, endiosado y muchas otras cosas más. Y estemos obligados a soportarlo, ahí, prepotente y perpetuo en medio de La Plaza de las Monjas.
     D. Juan Eslava Galán de alguna manera lo disculpa, a él y a toda la circunstancia del descubrimiento en sí, dado las actitudes, los devaneos, la perspectiva con que se valoraba la vida y la moral. Sabe, el autor, hacer que respires ante la propia antipatía, me insta a dar dos pasos atrás, y así, me implica en la historia, tranquilamente, desbaratando misterios y asentando lógicas. Analizando cada paso dado por la humanidad hasta hacer efectiva la conquista; desmontando cada controversia, construyendo, con aplomo de escritor comprometido y riguroso, el camino hasta dilucidar verdades y mentiras, leyendas y realidades.  Y sí, hace que cuente hasta diez, que asuma que si no hubiera sido él, sin duda otro Colón se hubiese erigido, con la natural naturaleza de la época, en esquilmador, maltratador, conquistador avaricioso y pedante de esa América que lo esperaba ingenua, confundiendo al españolito ruin con magnánimas deidades.
      Aunque debo decir que hasta ahora no había discrepado con el autor, pero que en esta ocasión, y aunque mis conocimientos dicten mucho de los suyos, voy a darme esa licencia.
        España llega a una América, en todo caso a una sociedad libre, con sus guerras, sus políticas, su idiosincrasia. Les arrebatamos su forma de vivir. No ocurrió de esa manera en el resto del mundo, donde habíamos progresado gracias a una lenta e inercial evolución. Nosotros actuamos de manera tajante e implacable, imponiendo nuestra forma de vivir y ver la vida, esquilmando a una sociedad a la que menospreciábamos porque no era como la nuestra, una sociedad con sus defectos y sus virtudes, capaz, como cualquier otra, ni mejor ni peor, seguramente. Distinta, autentica. Pero estaban mal situados, en el lugar exacto donde un día los españoles nos erigimos descubridores de lo descubierto.
         Y sí, puede que los usos de la época, y por extensión los de estos descubridores nuestros, no podían ir más allá de la idea de lucro y la gloria, prevaleciendo, en su comanda, el ser despiadados, avariciosos y ruines; desconocedores de la integridad, la empatía, la honradez, relegadas todas las virtudes por la gloriosa idea de Dios, que solapaba a los poderosos e inducía a los miserables a que asumieran su podredumbre en aras de un paraíso prometido. Ese era el mensaje, la doctrina pertinente que se les debía inocular, a estos pobres descubiertos, a sangre y espada.
          Probablemente nuestro punto de partida fuese la savia civilizadora de Grecia y Roma y sus democracias, como apunta Eslava, pero a esas alturas, en la España de la Santa Inquisición, oscura, intransigente, absurda, en la que anteponíamos la religión a la razón. ¿Cuáles eran las ventajas y los tesoros que aportamos a aquella América ajena a la existencia de Europa y del resto del globo, arraigada a sus propios Dioses? Desequilibramos a unos pueblos equilibrados, por supuesto, con su propia idea de mundo, la suya. ¿Quiénes creíamos ser nosotros para cambiar todo su mundo mediante la muerte, la explotación y la ruindad? ¿Qué ganaron? Porque después de un buen puñado de libros leídos, y de mucha mili, aún no he dado con las respuestas.
    Un ejemplo práctico: mañana viene una civilización extraterrestre a cambiarlo todo. Primero nos infectan y morimos muchos, después nos esclavizan y morimos otros cuantos, luego, por el aburrimiento, nos apalean y nos lisian. Mientras tanto nos imponen sus maneras y sus dioses (todo estupendo). Y, debido a que tienen falta de machos y hembras de su especie, se aparean con aquellos que quedamos y creamos entre todos un nuevo y vital planeta. Y, además, agradecidos.