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martes, 12 de agosto de 2014

Sonríe --


Me regalaron una fotografía antigua de alguien a quien quiero mucho. Cuando la conocí pasó a ser parte de mi familia, hasta el punto de que mi hijo me dijo que ella era otra abuela más. 
Cuando miré la foto, sólo en un segundo, deduje que más de un pretendiente debía haber perdido la cabeza por ella. Pensaba dejarme llevar, con la intención de escribirle un poema, imaginando un enamoramiento, una ilusión, sin embargo fue un amor desesperado el que emergió en mis palabras. Cuando, a la protagonista, le leí el poema una lágrima se asomó a sus ojos, y unos recuerdos con nombre propio. Parece -y lo comento desde mi más completo ateísmo-, que alguien se adueñó de mis dedos, y de mi teclado y escribió palabras que no me había dado tiempo a pensar, durante los cinco minutos en que lo escribí, cosas...

 "Estás preciosa en esta foto que me encogió el alma. Sonríes de una manera que encandila, con ese vestido blanco con el que pareces una princesa; un perro a tus pies, y sobre la mesita un ramo de flores. En la base del jarrón una nota donde se lee: sonríe"


De tus ojos… En tus ojos,
en el brillo efervescente de tu mirada
se esconde la herencia, el imán, la trampa,
la sumisión de aquel con osa mirarte.

Eres la esencia,
la impúdica verdad que se oculta
en tu gesto, que anida resuelta
en tu sonrisa como pez en el agua;
aquello que anula y rehace al individuo.

No quiero imaginar los estragos
emanados de esa ingenua y florida humanidad,
de la transmisión de astucias
que abanderas en la inconsciencia
tierna de tus formas.

Mientras, tus labios me miran sonrientes,
inocentes, nítidos e inmaculados,
alentando el pecado mismo
que me ataca, cruel, por todas partes.

Nunca te llegaron mis palabras
por asumir mi desvergüenza ante
tanta elocuente simpatía.
Pero hoy utilizando un teclado
ajeno y reprochable,
quiero que sepas, al fin,
de mi querencia y mi agonía,
desnudándote mi más perseverante
mácula, hoy que ya nada importa…