Google+ Followers

jueves, 7 de agosto de 2014

La Extraordinaria Transmisión de Ana Pérez Cañamares --

     La musicalidad se mimetiza en tu composición de sílabas enlazadas como aljófares, reconvertidas en el mejor de los collares, en el más brillante de los adornos, en el mayor símbolo de reivindicación y poder: la Palabra.
    Fabricas, como una meiga, esa mezcolanza…: la alquimia precisa con la que crear el poema, y nace entonces un tango estéticamente perfecto, con esa fricción de cuerpos, con esa pasión. Tu empaque  y el nuestro se erizan, se entrelazan y nos damos licencia para deslizarnos sobre la propuesta pista de baile...

     De tus estructuras veraces, de tu léxico, emerge esta danza de fuerza y dignidad, donde tejes tu puzzle exacerbado con los arrestos del transeúnte que pasea un instante a tu lado; y nos arrancas del suelo, y nos agarras fuerte por la cintura, y te inmiscuyes dentro, haciéndonos volar por encima del poema mismo. Fluyen, y estallan los pasos a derecha y a izquierda, y las reivindicaciones se traslucen, y lucen las expectativas y los deseos, mientras todos nos balanceamos en los sones de tus compases, en tus ritmos, con recorridos que parecen interminables -el Tiempo se detiene para mirarte a los ojos, para escucharte, el Tiempo se enamora de tu ira…- sobre la sincronía expectante que se mece en tus quiebros, en tus suspiros, en tu extraordinaria compostura; y nos adentramos, como abducidos, por los pasajes ocultos de tu alma, para desnudarte entera, y disfrutar hasta quedar exhaustos, no antes de arremangarnos el pensamiento y de que nos arranques una lágrima.

    Es la culpable, esa geometría pulcra que se encaja en el aire, modulándose en cada sílaba que baila sobre la arquitectura de cada frase, cuando tu voz deja de ser protagonista para ser instrumento, convertida en el arpa de Caliope ante nuestros ojos, claudicantes todos mientras observamos esa transformación fantástica y necesaria.

     Y entonces todo es Música, desahogo, impotencia y arraigo.