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miércoles, 11 de junio de 2014

La transparencia de Juan Ramón -


La transparencia, Dios, la transparencia…

Se alborozan sus palabras a mis oídos
El hombre desaparece
Escritos cual sueños imaginados
Único, observador, sostén, corona del poema
La transparencia, dios, la transparencia.
La condena por no haberse limitado a respirar

renovándome como una bocanada de oxigeno.
Son mi alimento, mi aire, son…, las siento
como notas perdidas que al unirse
al compactarse, resuenan con su nombre.

Del mismo centro suyo, de su centro
emociones, con su esencia, revividas
entonadas con la melodía intensa 
de su infinitud. 

pero el murmullo de su eco persiste
aunando corazones 
que no se esconden ahora
que ya no huyen, que emergen 
como el mayor homenaje a sus Palabras…

en batallas de luces inconexas
donde guarda, donde susurra todo su miedo
con heridas de guerra verdaderas
con sentimientos ingenuos y dementes
de una mente tan cuerda.
Y un corazón sensible, maleable, tierno.
Era el suyo, de él, nuestro ahora.

dibujante del perfume de los heliotropos
desde el balcón de su adolescencia
desde su argumento.

Traspasador de las fronteras
universal, entrañable, enamorado
temeroso y tan valiente.
Es él, el que hoy me enfervoriza y me aprieta
me ensalza, me cura y me lastima
en igual medida, de la misma manera
porque  nunca volverá a saciar la sed
en el agua de su pozo blanco
porque su verde árbol palidece
porque  murieron sus pájaros
vencidos por el cansancio
y su Fuentepiña no se vestirá jamás de fiesta.

¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
Su sombra se aúna con mis manos
buscando la simetría perfecta
la empatía, la maravillosa efervescencia
sobre un teclado prosaico, movido, conmovido
por algo más que un puñado de teclas.

En la búsqueda del alivio infinito de las almas
en el camino donde los enamorados caminamos
aquellos que lo echamos tanto de menos
su música a mi oído es el regalo.

La del ser que se fue, que está, que siempre estuvo
la nitidez eterna de sus ojos, su profundidad…

Su ausencia se hace fuerte y se descarna
en el rincón secreto de su huerto florido y encalado
su espíritu errará siempre nostálgico…
Sus heridas, por el hecho de  vivir
siempre presentes.
La propia vida hiriendo las heridas.
Nuestras heridas, las de todos.
Aquella distancia, la distancia, su distancia
como penitencia por sentir, por ser y existir.

sin pensar, callado, mudo, y ajeno.

Se erigió, sin embargo, su consciencia
su verso integro y válido, completo, complejo
contundente, infinito y verdadero
elevándose, eterno, hasta su nombre…

Mayo 2014
*Las frases y las palabras que aparecen escritas en cursiva son fragmentos de la obra de Juan Ramón Jiménez.